Tierra de vampiros, escrita por David Muñoz y dibujada por Tirso Cons, representa uno de los hitos más destacados del cómic de género fantástico y de terror producido por autores españoles para el mercado europeo. Publicada originalmente para el mercado francobelga y posteriormente recopilada en un integral en España, esta obra se aleja de los tropos románticos del vampirismo moderno para sumergir al lector en una distopía asfixiante, cruda y profundamente urbana.
La premisa nos sitúa en una ciudad de Madrid irreconocible, transformada en un escenario post-apocalíptico tras un evento catastrófico conocido como "la Gran Oscuridad". En este nuevo orden mundial, la luz del sol ha dejado de ser una constante y los vampiros han dejado de esconderse en las sombras para convertirse en la especie dominante. La humanidad, diezmada y despojada de su estatus en la cima de la cadena alimenticia, ha sido reducida a poco más que ganado o mano de obra esclava, sobreviviendo en las ruinas de una civilización que ya no les pertenece.
El eje central de la narrativa sigue a Guillermo, un joven superviviente que se mueve entre los escombros de la capital española con un objetivo desesperado: encontrar a su hermano pequeño. A través de su mirada, el lector descubre las reglas de este nuevo mundo. No estamos ante una horda de monstruos irracionales; los vampiros de Muñoz y Cons han establecido una estructura social jerarquizada, una suerte de aristocracia depredadora que gestiona los recursos —siendo la sangre el más valioso de todos— con una eficiencia aterradora. La ciudad está dividida en sectores, y la supervivencia de los humanos depende de su utilidad para sus captores o de su habilidad para permanecer invisibles en las "zonas muertas".
El guion de David Muñoz, conocido por su trabajo en *El espinazo del diablo*, destaca por su capacidad para construir una atmósfera de desesperanza constante. La historia no se detiene únicamente en la acción o el horror visceral, sino que explora la degradación moral de aquellos que intentan sobrevivir a cualquier precio. La tensión se mantiene no solo por la amenaza externa de los colmillos, sino por la desconfianza intrínseca entre los propios humanos, quienes a menudo resultan ser tan peligrosos como los no-muertos.
Visualmente, el trabajo de Tirso Cons es el pilar que termina de apuntalar la obra. Su diseño de una Madrid en ruinas es detallado y evocador, logrando que lugares emblemáticos de la ciudad resulten a la vez familiares y aterradores bajo el manto de la decadencia. El uso de las sombras y una paleta de colores que refuerza la sensación de un mundo sin sol son fundamentales para transmitir la claustrofobia de la trama. Los vampiros, por su parte, huyen del diseño gótico tradicional para presentarse como figuras imponentes, frías y letales, cuyo diseño visual refuerza su estatus de nuevos amos del mundo.
Tierra de vampiros es, en esencia, un relato de supervivencia extrema que utiliza el mito del vampiro para hablar sobre el colapso de la sociedad y la pérdida de la identidad. La obra evita las explicaciones inneces