La adaptación al cómic de Star Wars: Episodio II – El Ataque de los Clones, publicada originalmente por Dark Horse Comics y posteriormente integrada en el catálogo de Marvel, representa un eslabón narrativo fundamental para entender la transición de la República Galáctica hacia el conflicto bélico total. Con guion de Henry Gilroy y el arte de la aclamada Jan Duursema, esta miniserie de cuatro números traslada la épica cinematográfica de George Lucas al lenguaje de las viñetas, logrando una síntesis que prioriza el dinamismo visual y la profundidad de los personajes.
La historia se sitúa diez años después de los acontecimientos de *La Amenaza Fantasma*. La galaxia se encuentra en un estado de agitación política sin precedentes. Un movimiento separatista, compuesto por cientos de sistemas solares y poderosas corporaciones comerciales, amenaza con abandonar la República bajo el liderazgo del carismático y enigmático Conde Dooku, un antiguo Maestro Jedi. Ante la falta de un ejército regular para defender la paz, el Senado Galáctico debate la creación de una fuerza militar permanente, una medida que genera una división profunda en el seno del gobierno.
La trama arranca con un intento de asesinato contra la senadora Padmé Amidala, quien llega a Coruscant para liderar la oposición a la creación del ejército. Este evento desencadena una misión de protección y una investigación que divide la narrativa en dos frentes paralelos. Por un lado, el Caballero Jedi Obi-Wan Kenobi asume el papel de investigador galáctico. Su búsqueda del responsable del atentado lo lleva a los rincones más oscuros de la galaxia, desde los bajos fondos de la capital hasta el remoto y oceánico planeta Kamino. Allí, Obi-Wan descubre una conspiración de proporciones masivas que pone en duda la seguridad de la propia Orden Jedi y revela la existencia de un proyecto secreto que ha estado gestándose en las sombras durante una década.
Simultáneamente, Anakin Skywalker, ahora un joven Padawan talentoso pero emocionalmente inestable, es asignado para escoltar a Padmé de regreso a su planeta natal, Naboo. El cómic explora con precisión la evolución psicológica de Anakin; su lucha interna entre el deber hacia la Orden Jedi y sus sentimientos personales se vuelve el eje central de su arco. La narrativa visual de Duursema captura la tensión de un romance prohibido que florece en medio del peligro, mientras Anakin comienza a mostrar destellos de una oscuridad interna impulsada por la pérdida y la frustración ante las restricciones de sus maestros.
Desde el punto de vista artístico, el trabajo de Jan Duursema es uno de los puntos más altos de la obra. Su estilo se aleja de la mera copia de fotogramas para ofrecer una interpretación dinámica de la acción. Los diseños de los nuevos mundos, las naves y las criaturas están ejecutados con un nivel de detalle que expande la estética de la película. Las secuencias de combate, especialmente los duelos de sables de luz y las batallas a gran escala en el clímax de la historia, están coreografiadas con una fluidez que aprovecha al máximo el formato de la página, utilizando composiciones de viñetas que enfatizan la escala del conflicto inminente.
El guion de Gilroy logra condensar la compleja trama política de la película sin perder los matices esenciales. Se enfoca en la transición de una era de paz hacia una de guerra, subrayando la fragilidad de la democracia y el ascenso de las sombras que eventualmente consumirán a la República. Este cómic no solo sirve como una fiel adaptación, sino que establece las bases estéticas y narrativas para lo que más tarde sería la extensa y exitosa serie de cómics de *Las Guerras Clon*.
En resumen, la adaptación de *El Ataque de los Clones* es una pieza clave para los coleccionistas y seguidores de la saga. Ofrece una visión cohesionada de un momento crítico en la cronología de Star Wars: el fin de la inocencia para Anakin Skywalker y el inicio de la caída de la Orden Jedi, todo enmarcado en el preludio de la mayor guerra que la galaxia haya conocido jamás.