La adaptación al cómic de 'Sin Familia' (*Sans Famille*), orquestada por el guionista Rodolphe y el artista Toni Fejzula, representa una de las traslaciones más potentes y visualmente sobrecogedoras del clásico literario de Hector Malot al lenguaje de la narrativa secuencial. Esta obra no solo rescata la esencia del folletín decimonónico, sino que la dota de una atmósfera expresionista que redefine la crudeza y la esperanza de su protagonista, Rémi.
La trama se sitúa en la Francia rural del siglo XIX. La historia comienza con Rémi, un niño que vive una infancia humilde pero feliz en la aldea de Chavanon bajo el cuidado de la señora Barberin, a quien considera su madre. Sin embargo, la estabilidad se rompe abruptamente con el regreso de Jerome Barberin, el marido de esta, quien tras sufrir un accidente laboral y quedar arruinado, revela una verdad devastadora: Rémi es un niño expósito, un huérfano recogido de las calles de París años atrás. Ante la imposibilidad de mantenerlo, Jerome decide deshacerse del niño de la manera más pragmática y cruel posible.
Es en este punto de inflexión donde aparece el señor Vitalis, un misterioso y carismático músico callejero que recorre los caminos de Francia con una compañía de animales amaestrados. Vitalis "alquila" a Rémi, convirtiéndolo en su aprendiz y compañero de fatigas. A partir de aquí, el cómic se transforma en una *road movie* de época, un viaje iniciático donde el niño deberá aprender las artes del espectáculo para sobrevivir. La compañía está formada por personajes inolvidables: el sabio perro Capi, los perros Dolce y Zerbino, y el travieso mono Joli-Cœur.
El guion de Rodolphe respeta la estructura episódica de la novela original, pero filtra la narrativa para centrarse en el crecimiento emocional de Rémi. El niño pasa de la protección del hogar a la intemperie absoluta, enfrentándose al hambre, al frío extremo de los inviernos franceses y a la injusticia de un sistema legal que criminaliza la pobreza. A pesar de la dureza de las situaciones, la relación entre Rémi y Vitalis se convierte en el núcleo moral de la obra. Vitalis no es un amo, sino un mentor que instruye al niño no solo en la música y la lectura, sino en la dignidad y la resiliencia.
Visualmente, el trabajo de Toni Fejzula es el elemento diferenciador que eleva este cómic por encima de otras adaptaciones. Fejzula huye del realismo académico para abrazar un estilo pictórico, casi onírico, donde el color juega un papel narrativo fundamental. Las paletas cromáticas cambian drásticamente para reflejar el estado anímico de los personajes y la hostilidad del entorno: desde los ocres y amarillos cálidos de la infancia perdida, hasta los azules gélidos y grises opresivos de las noches de ventisca en las que la supervivencia pende de un hilo. El diseño de personajes es anguloso y expresivo, capturando la fatiga en los rostros y la majestuos