Road of Bones

*Road of Bones*, publicada por IDW Publishing, es una de las obras más crudas y asfixiantes del cómic de terror contemporáneo. Escrita por Rich Douek e ilustrada por Alex Cormack, esta miniserie de cuatro números se aleja de los tropos convencionales del género para sumergir al lector en una pesadilla histórica y psicológica ambientada en uno de los lugares más inhóspitos del planeta: el sistema de gulags de la Unión Soviética.

La historia se sitúa en 1953, en el campo de prisioneros de Kolyma, en el extremo noreste de Siberia. El título de la obra hace referencia directa a la autopista de Kolymá, una carretera construida durante la era de Stalin por prisioneros políticos y comunes, cuyos restos, al morir por el agotamiento, el hambre o el frío, eran enterrados directamente bajo el trazado de la vía debido a la imposibilidad de cavar en el permafrost. Este escenario no es solo un trasfondo, sino un personaje omnipresente que dicta las reglas de la narrativa.

El protagonista es Roman, un hombre condenado a trabajos forzados por un crimen trivial contra el Estado. En un entorno donde la esperanza de vida se mide en semanas, Roman decide arriesgarlo todo en un intento de fuga desesperado. No lo hace solo; lo acompañan Grigori, un criminal endurecido y violento, y Sergei, un hombre cuya moralidad parece haberse erosionado mucho antes de que comenzara la historia. El plan es simple en teoría pero suicida en la práctica: atravesar cientos de kilómetros de tundra helada para alcanzar la libertad.

Sin embargo, el verdadero horror de *Road of Bones* no reside únicamente en la persecución de las autoridades soviéticas o en la brutalidad del clima siberiano, donde las temperaturas descienden a niveles que congelan los pulmones. El guion de Douek introduce un elemento perturbador basado en el folklore ruso: el Domovik. Según las historias que Roman escuchaba de niño, este espíritu del hogar puede otorgar protección o exigir sacrificios atroces. A medida que el hambre y el aislamiento hacen mella en la cordura de los fugitivos, la presencia de esta entidad —ya sea como una manifestación sobrenatural real o como una alucinación colectiva nacida de la inanición— comienza a fracturar la dinámica del grupo.

El apartado visual de Alex Cormack es fundamental para transmitir la desesperación de la obra. Su estilo, caracterizado por un trazo sucio, detallado y visceral, logra que el lector sienta el frío cortante y la suciedad de los personajes. Cormack utiliza el espacio en blanco de la nieve no como un vacío, sino como una presencia opresiva que aísla a los protagonistas del resto del mundo. El contraste entre la blancura infinita del paisaje y la violencia gráfica de los encuentros físicos crea un impacto visual impactante. El uso del color es minimalista pero efectivo, reservando los tonos cálidos y saturados para los momentos de mayor intensidad psicológica o violencia explícita.

La narrativa explora la deshumanización bajo condiciones extremas. Douek plantea una pregunta incómoda: ¿qué queda de la civilización y la moral cuando el cuerpo entra en modo de supervivencia absoluta? La relación entre los tres hombres se convierte en un juego de desconfianza y paranoia. El cómic no escatima en mostrar las consecuencias físicas del hambre, llevando a los personajes a considerar actos que desafían cualquier noción de humanidad.

*Road of Bones* destaca por su ritmo implacable. Desde el momento en que los prisioneros cruzan la valla del gulag, la tensión no deja de escalar. No hay momentos de alivio; cada paso que dan hacia la supuesta libertad los hunde más en un abismo de horror físico y espiritual. La obra funciona como un thriller de supervivencia de alto voltaje, pero también como una reflexión sombría sobre el peso de la historia y las cicatrices que el totalitarismo deja en la psique humana.

En conclusión, este cómic es una pieza esencial para los seguidores del terror que buscan algo más que sustos fáciles. Es una exploración de la oscuridad del alma humana, enmarcada en un contexto histórico real que resulta tan aterrador como cualquier elemento fantástico. La combinación del guion seco y directo de Douek con el arte perturbador de Cormack convierte a *Road of Bones* en una experiencia de lectura agotadora, inmersiva y profundamente memorable.

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