Ring Circus

*Ring Circus* es una de las obras más fascinantes y visualmente deslumbrantes de la historieta franco-belga de finales de los años 90 y principios de los 2000. Escrita por David Chauvel e ilustrada por Cyril Pedrosa, esta tetralogía (compuesta por los álbumes *El fantástico vuelo*, *Las luces de la ciudad*, *Los infortunados* y *El despertar*) se aleja de los tópicos edulcorados sobre el mundo del espectáculo para ofrecer una crónica agridulce sobre la obsesión, el crecimiento personal y la decadencia de un mundo en constante cambio.

La narrativa arranca con una premisa aparentemente sencilla: la llegada de un circo monumental a una pequeña y monótona ciudad de provincias. Para Jerold, un joven soñador y algo indolente, la aparición del Ring Circus no es solo un evento social, sino una epifanía. Queda instantáneamente prendado de Miranda, la hermosa y distante acróbata estrella de la compañía. Impulsado por un deseo irreflexivo de seguirla, Jerold convence a su amigo Anthonin, un joven más pragmático pero igualmente hastiado de su existencia gris, para abandonar sus vidas y unirse a la caravana circense como trabajadores no cualificados.

A partir de este punto, la obra se transforma en una "road movie" épica y melancólica que atraviesa un continente ficticio que evoca una Europa del Este mítica, salpicada de elementos que rozan el *steampunk* y la fantasía de baja intensidad. El viaje del Ring Circus no es un desfile triunfal, sino una travesía extenuante a través de paisajes desolados, fronteras en conflicto y ciudades que oscilan entre la opulencia y la ruina.

El guion de David Chauvel destaca por su capacidad para desmitificar la vida circense. Lejos de la magia que se percibe desde las gradas, el lector es testigo de la jerarquía implacable, el trabajo físico agotador y la precariedad de una comunidad que vive al margen de la sociedad convencional. La relación entre Jerold y Anthonin sirve como eje emocional; mientras el primero se hunde en una persecución romántica que roza lo patológico, el segundo actúa como el ancla moral, enfrentándose a la dura realidad de un mundo que no tiene piedad con los improvisados.

Sin embargo, el elemento que eleva a *Ring Circus* al estatus de obra de culto es el apartado gráfico de Cyril Pedrosa. En aquel momento, Pedrosa venía de trabajar como animador para Disney (participando en películas como *Hércules* o *El jorobado de Notre Dame*), y esa herencia es palpable en cada viñeta. Su dibujo posee un dinamismo extraordinario, con personajes que parecen estar en constante movimiento y una expresividad facial que comunica más que los propios diálogos.

El diseño del circo en sí es una maravilla de la arquitectura imaginaria: una estructura colosal, orgánica y caótica que parece tener vida propia. A medida que la serie avanza, el estilo de Pedrosa evoluciona, volviéndose más suelto, nervioso y atmosférico. El uso del color es fundamental para definir el tono de la historia: desde los tonos cálidos y vibrantes de las funciones nocturnas hasta las paletas frías, grises y embarradas de los trayectos por las estepas, reflejando el desgaste físico y psicológico de los protagonistas.

La obra también explora temas profundos como el fin de la inocencia y el choque entre la modernidad y la tradición. El Ring Circus es un anacronismo andante, un gigante que se desmorona mientras el mundo a su alrededor se vuelve más hostil y tecnificado. La búsqueda de Miranda por parte de Jerold se convierte en una metáfora de la búsqueda de un ideal inalcanzable, obligando a los personajes a enfrentarse a la diferencia entre lo que deseamos y lo que realmente necesitamos para sobrevivir.

En definitiva, *Ring Circus* es una pieza imprescindible para entender la evolución del cómic europeo contemporáneo. Es una historia de aprendizaje que evita las soluciones fáciles, envolviendo al lector en una atmósfera de maravilla y tristeza a partes iguales, apoyada en un despliegue visual que sigue resultando revolucionario décadas después de su publicación original.

Deja un comentario