La obra 'Noé', escrita por el cineasta Darren Aronofsky y su colaborador habitual Ari Handel, e ilustrada magistralmente por el artista canadiense Niko Henrichon, representa una de las reinterpretaciones más ambiciosas, sombrías y visualmente impactantes del mito bíblico del diluvio universal. Aunque muchos asocian esta historia con la película homónima de 2014, el cómic no es una mera adaptación del filme, sino que nació del guion original de Aronofsky y se publicó inicialmente en el mercado francobelga (Le Lombard), permitiendo una libertad creativa y una escala épica que a menudo supera lo visto en la pantalla grande.
La narrativa nos sitúa en un mundo pre-diluviano que se aleja de las representaciones pastorales clásicas. Aquí, la Tierra es un páramo post-apocalíptico, una distopía árida y cruel donde la humanidad ha agotado los recursos naturales y ha corrompido la creación. En este escenario, los descendientes de Caín han construido ciudades industriales basadas en la explotación y la violencia, olvidando por completo su conexión con lo divino. Frente a ellos se encuentra Noé, el último de la estirpe de Set, un hombre que vive en los márgenes de la sociedad, atormentado por visiones recurrentes de una inundación catastrófica que promete limpiar el mundo de la maldad humana.
El Noé de Aronofsky y Handel no es el patriarca sereno de las ilustraciones dominicales. Es un personaje complejo, un "ecologista radical" de tiempos antiguos que carga con el peso de una misión que apenas comprende. Su conflicto interno es el motor de la historia: la lucha entre la obediencia ciega a un Creador silencioso y la compasión por una especie que parece no merecer la salvación. El guion profundiza en la carga psicológica de ser el elegido para presenciar el fin de todo lo conocido, explorando temas como la justicia divina, el fanatismo y la redención.
Uno de los elementos más distintivos de esta versión es la inclusión de los Vigilantes (los Nephilim). En lugar de ser simples figuras mitológicas, Henrichon los diseña como colosos de piedra y luz, ángeles caídos que quedaron atrapados en la materia terrestre como castigo por intentar ayudar a la humanidad tras la expulsión del Edén. Estos gigantes aportan un componente de fantasía oscura y alta épica que transforma la construcción del arca en una labor de ingeniería mística y asedio militar, ya que Noé debe proteger su obra de las hordas de Tubal-Caín, el rey de los hombres que reclama su derecho a sobrevivir por la fuerza.
El apartado gráfico de Niko Henrichon es, sin duda, el pilar que sostiene la magnitud de la obra. Conocido por su trabajo en *Pride of Baghdad*, Henrichon utiliza una paleta de colores que evoluciona con la trama: desde los tonos ocres, polvorientos y desolados del desierto inicial, hasta los azules profundos y grises opresivos de la tormenta inminente. Su capacidad para plasmar la escala es asombrosa; el arca no se presenta como un barco convencional, sino como un monolito de madera y brea, una estructura brutalista que domina el paisaje. Las composiciones de página son dinámicas, alternando entre la introspección de los rostros marcados por el sufrimiento y espectaculares dobles páginas que muestran la furia de los elementos y la desesperación de las masas.
En resumen, 'Noé' es una novela gráfica que funciona como un drama teológico y una epopeya de supervivencia. Evita los sermones simplistas para adentrarse en las zonas grises de la moralidad humana. Es una obra indispensable para quienes buscan una visión madura de la mitología antigua, donde el silencio de Dios es tan aterrador como el rugido de las aguas, y donde la verdadera arca es tanto un refugio físico como una prisión emocional para sus ocupantes. La colaboración entre la sensibilidad cinematográfica de Aronofsky y el virtuosismo visual de Henrichon logra que una historia milenaria se sienta urgente, visceral y profundamente perturbadora.