Nic, la monumental obra de Marc Torices publicada por Apa Apa Cómics, se erige como uno de los hitos más ambiciosos y complejos del cómic contemporáneo español. Con más de quinientas páginas de una densidad narrativa y visual abrumadora, este volumen no es solo una historia, sino un artefacto que disecciona la gramática del noveno arte mientras explora las profundidades de la psique de su protagonista.
La obra gira en torno a Nic, un personaje de apariencia antropomórfica que remite directamente a la estética del *rubber hose* y a la era dorada de la animación de los años 20 y 30. Sin embargo, cualquier similitud con la inocencia de los dibujos animados clásicos es puramente superficial. Nic habita un mundo que, aunque poblado por criaturas de diseño caricaturesco, está regido por las leyes de la apatía, la frustración existencial y una cotidianidad aplastante. La premisa nos sitúa ante la vida diaria de este personaje, un individuo que parece atrapado en una estructura de gags recurrentes que, lejos de buscar la risa fácil, subrayan el absurdo de su existencia.
Desde un punto de vista técnico, Torices despliega un virtuosismo gráfico inusual. El cómic no mantiene una unidad estética rígida; al contrario, evoluciona y muta según las necesidades emocionales del relato o el tono de cada capítulo. El autor transita con maestría desde el dibujo de línea clara y minimalista hasta composiciones abigarradas, texturizadas y oscuras que rozan el expresionismo. Hay pasajes que rinden homenaje al *underground* más visceral, mientras que otros parecen rescatados de las tiras de prensa dominicales de principios del siglo XX, como las de George Herriman. Esta amalgama de estilos no es un mero ejercicio de estilo, sino una herramienta metanarrativa que refleja la fragmentación de la identidad de Nic.
La estructura del cómic es fragmentaria, compuesta por historias cortas, viñetas de una sola página y secuencias más extensas que se entrelazan para formar un tapiz de la alienación moderna. Nic interactúa con un elenco de personajes secundarios —amigos, vecinos y extraños— que actúan como espejos de sus propias carencias. A través de estas interacciones, el lector es testigo de una búsqueda constante de sentido en un entorno que parece diseñado para el fracaso. La obra aborda temas como la soledad urbana, la dificultad de la comunicación humana y la delgada línea que separa la realidad de la representación.
Uno de los aspectos más fascinantes de Nic es su manejo del ritmo y el espacio. Torices juega con la arquitectura de la página, rompiendo la cuadrícula tradicional para crear sensaciones de claustrofobia o de vacío absoluto. El uso del color (o su ausencia deliberada en ciertos tramos) funciona como un termómetro emocional. Los silencios son tan importantes como los diálogos; en muchas ocasiones, la narrativa descansa en la gestualidad de Nic, cuya expresividad de dibujo animado contrasta dolorosamente con la gravedad de las situaciones que atraviesa.
En definitiva, Nic es una deconstrucción del héroe de cómic tradicional. No hay una épica del triunfo, sino una crónica de la persistencia. Es una obra que exige una lectura atenta y pausada, capaz de incomodar al lector al mismo tiempo que lo deslumbra con su inventiva visual. Marc Torices ha creado un universo que se siente a la vez familiar y profundamente extraño, consolidando a Nic como un personaje icónico que encarna las ansiedades del siglo XXI bajo la máscara de un dibujo de otra época. Es, sin lugar a dudas, un tratado sobre las posibilidades ilimitadas del lenguaje secuencial.