Metal Hurlant 2da Etapa

La "segunda etapa" de *Métal Hurlant*, iniciada a principios de la década de los 2000 bajo el impulso de Fabrice Giger y la editorial Les Humanoïdes Associés, representa uno de los hitos más ambiciosos en la historia de la narrativa gráfica contemporánea. Tras el cese de su publicación original en 1987, esta nueva encarnación no nació simplemente como un ejercicio de nostalgia, sino como un laboratorio creativo global diseñado para redefinir la ciencia ficción, la fantasía y el terror en el nuevo milenio.

Esta etapa se distingue por su carácter marcadamente internacional y su formato de antología de historias cortas. A diferencia de la etapa fundacional de los años 70, que estaba profundamente arraigada en la contracultura francesa y el espíritu del 68, la segunda etapa de *Métal Hurlant* se propuso como un puente transatlántico. En sus páginas convergieron los maestros de la escuela europea con los talentos emergentes del mercado estadounidense y asiático, creando un crisol de estilos que desafiaba las etiquetas convencionales del cómic de género.

El núcleo narrativo de esta etapa se mantiene fiel a la filosofía original: la libertad absoluta. Cada número funciona como un escaparate de relatos autoconclusivos donde la experimentación visual es la norma. Los guiones exploran desde el existencialismo tecnológico y la distopía ciberpunk hasta el erotismo onírico y la sátira social mordaz. No hay una línea editorial restrictiva en cuanto a la temática, lo que permite que convivan historias de naves espaciales oxidadas con relatos de realismo mágico o reflexiones filosóficas sobre la condición humana en entornos post-apocalípticos.

Uno de los pilares fundamentales de esta etapa es la participación de figuras legendarias que regresaron para reclamar su trono, como Alejandro Jodorowsky y Moebius, quienes aportaron la mística y la profundidad metafísica que cimentó la fama de la revista. Sin embargo, el verdadero valor de esta segunda era reside en la incorporación de nuevos autores que aportaron una estética más cinematográfica y dinámica. Nombres como Geoff Johns, Kurt Busiek, Guy Davis o Richard Corben (en una de sus etapas más maduras) se mezclaron con artistas europeos de la talla de Enki Bilal o Juan Giménez. Esta mezcla de sensibilidades permitió que el cómic dejara de ser visto como un producto regional para convertirse en una obra de arte universal.

Visualmente, la segunda etapa de *Métal Hurlant* es un festín para los sentidos. La evolución de las técnicas de color digital y la mejora en los procesos de impresión permitieron que los artistas experimentaran con texturas y atmósferas que eran imposibles en la década de los 70. La revista se convirtió en un objeto de diseño en sí mismo, donde la composición de la página y el uso del espacio negativo jugaban un papel tan crucial como el diálogo. La estética es ecléctica: desde el trazo sucio y detallado del "underground" hasta la limpieza técnica del estilo "clear-line" modernizado.

La estructura de la antología permite al lector saltar de un universo a otro en cuestión de páginas, manteniendo siempre un hilo conductor: la sensación de asombro. Las historias suelen evitar los finales convencionales, optando por cierres abiertos, irónicos o profundamente perturbadores que invitan a la reflexión posterior. Es un cómic que exige una lectura activa y que no subestima la inteligencia del lector.

En resumen, la segunda etapa de *Métal Hurlant* es el testimonio de una marca que supo evolucionar sin perder su esencia provocadora. Es una obra coral que captura la ansiedad y la fascinación del cambio de siglo, consolidándose como una pieza indispensable para entender la transición del cómic adulto hacia la modernidad. Para el estudioso del medio, representa el momento en que la historieta europea y la americana dejaron de mirarse con recelo para empezar a construir juntas el futuro de la ciencia ficción visual. Es, en esencia, un manifiesto de que el "metal" sigue gritando con la misma fuerza, pero con un lenguaje renovado y global.

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