Las aventuras de Hijitus

Crónica de un héroe de caño: El universo de Las aventuras de Hijitus

En el vasto panteón de la historieta latinoamericana, pocos personajes han logrado calar tan hondo en la identidad cultural de una nación como lo hizo Hijitus. Creado por el visionario Manuel García Ferré, este humilde niño que habita en las afueras de la imaginaria ciudad de Trulalá no es solo un protagonista de aventuras infantiles; es el eje central de una cosmogonía que mezcla la sátira social, la fantasía heroica y una profunda calidez humana. *Las aventuras de Hijitus* representan la edad de oro de la narrativa gráfica argentina, ofreciendo un lienzo donde la bondad y la justicia se enfrentan constantemente a la ambición y el egoísmo.

La premisa nos presenta a Hijitus, un niño de rasgos sencillos y corazón inmenso que vive en un "caño" (una tubería de desagüe) en las afueras de la ciudad, acompañado por su fiel y valiente perro Pichichus. A pesar de su extrema pobreza, Hijitus no guarda rencor hacia el mundo; por el contrario, su existencia está marcada por una nobleza desinteresada. Sin embargo, este pequeño mendigo oculta un secreto que es el motor de la acción: posee un sombrero mágico —el famoso "sombreritus"— que, mediante una invocación cargada de energía, lo transforma en Super Hijitus, un ser con poderes sobrehumanos capaz de volar y enfrentar las amenazas más temibles.

Lo que eleva a este cómic por encima de otros relatos de superhéroes convencionales es su entorno. Trulalá no es una ciudad genérica; es un microcosmos vibrante poblado por personajes con una psicología asombrosamente rica. El antagonista principal, el Profesor Neurus, es la encarnación del "genio malvado" frustrado. Neurus no busca simplemente la destrucción, sino el poder absoluto y la riqueza, operando desde su laboratorio con una mezcla de tecnología retro-futurista y planes maquiavélicos. A su lado, encontramos a su banda de secuaces: el seseante Pucho, un tipo de barrio con modismos de tango; el silencioso Serrucho; y el torpe pero entrañable Larguirucho.

Larguirucho merece una mención aparte, pues personifica la ambigüedad moral y la redención. A menudo reclutado por Neurus debido a su ingenuidad, su buen corazón termina siempre traicionando las órdenes del villano para ayudar a Hijitus. Esta dinámica añade una capa de humanidad a la historieta, sugiriendo que nadie es enteramente malo, sino que a veces simplemente se está mal acompañado.

La obra también explora las disparidades sociales a través de personajes como Oaky, el hijo del hombre más rico de la ciudad, Gold Silver. Oaky es un bebé malcriado, armado con dos pistolas y un deseo insaciable de "lío", que representa la rebeldía de la clase alta frente a la rectitud de Hijitus. La interacción entre el niño que vive en un caño y el niño que vive en una mansión ofrece una crítica sutil pero efectiva sobre la distribución de la riqueza y los valores familiares.

Visualmente, el cómic es una delicia de la técnica de García Ferré. El diseño de personajes es icónico, con líneas limpias y una expresividad que permitía que la transición del papel a la pantalla (en la famosa serie animada) fuera natural. La narrativa gráfica utiliza un ritmo ágil, donde el humor físico se combina con juegos de palabras y modismos locales que dotan a la obra de una "argentinidad" inconfundible, pero con temas universales que permiten su lectura en cualquier latitud.

En *Las aventuras de Hijitus*, el lector no solo encontrará batallas épicas contra monstruos, robots o la bruja Cachavacha y su búho Pajarraco. Lo que realmente encontrará es una oda a la amistad, a la honestidad y a la valentía de mantenerse íntegro en un mundo que a menudo premia la trampa. La transformación de Hijitus en Super Hijitus es, en última instancia, una metáfora del potencial que reside en los más humildes: la idea de que la verdadera fuerza no proviene de la riqueza o el intelecto frío, sino de un sombrero gastado que se activa solo cuando el propósito es noble.

Para el coleccionista o el nuevo lector, sumergirse en estas páginas es redescubrir un clásico que no ha perdido vigencia. Es un viaje a una Trulalá donde el peligro siempre acecha en la siguiente esquina, pero donde también se sabe que, mientras un niño mantenga su sombrero bien puesto, la justicia siempre encontrará el camino de regreso a casa.

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