La Capa (The Cape): La anatomía del resentimiento elevado al cielo
Dentro del vasto panorama del noveno arte, pocas obras logran desmantelar el mito del superhéroe con la crudeza y el nihilismo que exhibe *La Capa* (*The Cape*). Publicada originalmente por IDW Publishing, esta obra es el resultado de una colaboración creativa de alto nivel: basada en un relato corto de Joe Hill (incluido en su antología *Fantasmas*), la adaptación al guion corre a cargo de Jason Ciaramella, mientras que el apartado visual recae en los lápices de Zach Howard. Lo que comienza como una premisa de fantasía urbana pronto se transforma en un estudio psicológico perturbador sobre el poder, el fracaso y la venganza.
La historia nos presenta a Eric, un hombre que personifica el estancamiento vital. Eric es lo que la sociedad contemporánea etiquetaría como un "perdedor": vive en el sótano de su madre, carece de ambiciones, mantiene una relación tensa con su hermano —quien sí ha logrado el éxito profesional y personal— y arrastra las secuelas físicas y emocionales de un accidente traumático ocurrido en su infancia. Aquel incidente, que marcó el fin de su inocencia, sucedió mientras jugaba con una capa azul hecha con una manta vieja, convencido de que podía volar.
El motor narrativo se pone en marcha cuando Eric, en un momento de absoluta desesperación y miseria moral, reencuentra esa vieja capa entre los trastos de su pasado. Al ponérsela, descubre con asombro que el objeto posee propiedades sobrenaturales: realmente le permite volar. Sin embargo, a diferencia de la narrativa clásica de Marvel o DC, donde el descubrimiento de un don conlleva una epifanía moral o un sentido de responsabilidad, en *La Capa* el poder actúa como un acelerador de la podredumbre interna. Eric no busca la redención ni el altruismo; busca el desquite.
El guion de Ciaramella y Hill es implacable en su enfoque. No hay espacio para el heroísmo. La obra se sumerge en la psique de un individuo que ha acumulado resentimiento durante décadas, sintiéndose una víctima de las circunstancias y de las personas que lo rodean. La capacidad de volar no lo convierte en un ser superior en términos éticos, sino que le otorga la impunidad necesaria para dar rienda suelta a sus instintos más bajos. La narrativa explora cómo el poder absoluto, en manos de alguien emocionalmente roto y lleno de odio, solo puede conducir a la tragedia.
Visualmente, el trabajo de Zach Howard es fundamental para establecer la atmósfera opresiva del cómic. Su estilo, detallado y con un uso magistral de las sombras, dota a la historia de un realismo sucio que contrasta con la naturaleza fantástica del vuelo. Howard logra capturar la fealdad de las emociones de Eric; sus expresiones faciales transitan entre la autocompasión y una malevolencia gélida. Las secuencias de vuelo no son majestuosas ni inspiradoras; son vertiginosas y amenazantes, reforzando la idea de que lo que sobrevuela la ciudad no es un salvador, sino un depredador.
Uno de los puntos más fuertes de *La Capa* es su tratamiento de los vínculos familiares. La relación de Eric con su madre y su hermano funciona como el ancla emocional de la trama. A través de flashbacks estratégicamente situados, el lector comprende el origen de las fricciones y cómo la percepción distorsionada de Eric sobre su propia historia lo ha llevado al aislamiento. La capa no es solo un artefacto mágico, es un símbolo de una infancia interrumpida y de una madurez que nunca llegó a florecer de manera sana.
En conclusión, *La Capa* es una lectura esencial para quienes buscan una deconstrucción del género de superhéroes desde una perspectiva de terror psicológico. Es una obra que se aleja de las florituras para centrarse en la oscuridad del espíritu humano. No es una historia sobre aprender a volar, sino sobre lo que sucede cuando alguien que ya ha caído decide que el resto del mundo debe caer con él. Es un cómic visceral, incómodo y brillantemente ejecutado que deja una huella duradera por su honestidad brutal sobre la naturaleza del rencor.