Hit – 1955 es una obra que se inserta con precisión quirúrgica en la tradición del *neo-noir* criminal, ofreciendo una visión descarnada y carente de romanticismo sobre la corrupción policial y la justicia extrajudicial en la California de mediados del siglo XX. Escrita por Bryce Carlson e ilustrada por Vanesa R. Del Rey, esta miniserie publicada por BOOM! Studios se aleja de los clichés del Hollywood dorado para sumergirse en los callejones sombríos y las oficinas llenas de humo donde se decide el destino de la ciudad de Los Ángeles.
La trama se sitúa en el año 1955, una época de transición y aparente prosperidad en Estados Unidos. Sin embargo, bajo la superficie de orden y progreso, el Departamento de Policía de Los Ángeles (LAPD) libra una guerra sucia contra el crimen organizado. El protagonista es Harvey Slater, un detective de homicidios que personifica el arquetipo del hombre duro y lacónico. Slater no es solo un oficial de la ley; es un miembro clave de un "hit squad" (escuadrón de la muerte) secreto y no oficial dentro del departamento. La premisa es tan simple como brutal: cuando el sistema legal falla, cuando los tecnicismos permiten que los criminales más peligrosos queden libres o cuando la burocracia impide la justicia, el grupo de Slater interviene para eliminar la amenaza de forma permanente.
El conflicto central de la obra no reside únicamente en la caza de criminales, sino en la erosión moral de quienes han decidido jugar a ser jueces, jurados y verdugos. Slater es un hombre que ha aceptado su papel en este engranaje violento, convencido de que sus acciones son un mal necesario para mantener la paz en una ciudad que amenaza con desbordarse. No obstante, su mundo meticulosamente ordenado comienza a resquebrajarse cuando una figura de su pasado, Bonnie Brae, reaparece en escena. Bonnie no es solo un antiguo interés romántico, sino un catalizador que obliga a Slater a cuestionar las alianzas que ha forjado y el precio real de su "trabajo" clandestino.
Narrativamente, Carlson utiliza un ritmo pausado pero tenso, apoyándose en diálogos cortantes y una estructura que bebe directamente de las novelas de James Ellroy y Raymond Chandler. La historia no busca redimir a sus personajes, sino retratarlos en toda su complejidad gris. Aquí no hay héroes; solo hay hombres y mujeres tratando de sobrevivir en un ecosistema donde la lealtad es una moneda de cambio volátil y la traición es una herramienta de ascenso profesional.
El apartado visual de Vanesa R. Del Rey es, sin duda, uno de los pilares fundamentales de Hit – 1955. Su estilo es sucio, expresionista y profundamente atmosférico. A diferencia de otros cómics de época que buscan una estética limpia y nostálgica, Del Rey utiliza trazos nerviosos y una gestión de las sombras que evoca una sensación de claustrofobia y peligro inminente. Las manchas de tinta y el uso del claroscuro no solo definen los espacios, sino que reflejan el estado mental de los personajes. Los Ángeles se presenta como una entidad viva, una jungla de asfalto donde la luz del sol parece incapaz de disipar la oscuridad moral que lo impregna todo.
La obra también explora la dinámica del poder dentro de las instituciones. A través de las interacciones de Slater con sus superiores y compañeros, se vislumbra una red de intereses cruzados donde la línea entre el policía y el gánster es prácticamente inexistente. El cómic examina cómo el poder absoluto corrompe incluso las intenciones que, en su origen, pretendían ser nobles. El "hit squad" es una herramienta de control social que, inevitablemente, termina siendo utilizada para fines personales y políticos.
En conclusión, Hit – 1955 es un ejercicio de género impecable que satisface a los aficionados al *noir* más exigente. Es una historia sobre las consecuencias de cruzar líneas éticas en nombre del bien común y sobre cómo, en la búsqueda de limpiar una ciudad, uno puede terminar convirtiéndose en la mancha