Historias Mudas, la obra de Gustavo Rico publicada por Astiberri, se erige como un ejercicio de purismo narrativo y un despliegue de virtuosismo gráfico que reivindica la esencia misma del noveno arte: la capacidad de contar a través de la imagen sin el apoyo de la palabra escrita. Esta antología no es simplemente una recopilación de relatos breves; es un manifiesto sobre la gramática visual y la potencia del dibujo como lenguaje universal.
La premisa del título es absoluta. Gustavo Rico prescinde por completo de globos de texto, cartelas o cualquier tipo de onomatopeya que guíe la lectura de forma convencional. Esta decisión no es un capricho estético, sino una herramienta que obliga al lector a sumergirse en una observación activa y minuciosa. En Historias Mudas, el ritmo no lo marca el diálogo, sino la composición de la página, el uso del espacio en blanco y la transición entre viñetas. El autor confía plenamente en la inteligencia del espectador para descodificar las emociones, las motivaciones y los giros argumentales que se suceden en cada una de las piezas que componen el volumen.
Temáticamente, la obra es ecléctica pero mantiene una cohesión atmosférica notable. Rico transita por géneros que van desde la ciencia ficción distópica y el terror de corte existencialista hasta el costumbrismo más descarnado y surrealista. A pesar de esta variedad, existe un hilo conductor invisible: la exploración de la condición humana en sus momentos de mayor vulnerabilidad, soledad o absurdo. Las historias suelen presentar personajes atrapados en situaciones que los superan, enfrentados a fuerzas de la naturaleza, a la tecnología alienante o a sus propios demonios internos. Hay una melancolía subyacente en todo el tomo, una sensación de fatalismo que se ve compensada por la belleza técnica de cada plancha.
El apartado visual es, necesariamente, el protagonista absoluto. El estilo de Gustavo Rico en esta obra se caracteriza por un trazo denso, detallado y profundamente expresivo. Su dibujo bebe de fuentes clásicas, recordando en ocasiones al grabado antiguo o a la ilustración de principios del siglo XX, pero con una sensibilidad moderna y a veces grotesca que lo vincula con el cómic underground europeo. El uso del claroscuro es magistral; las sombras no solo definen el volumen, sino que actúan como elementos narrativos que ocultan o revelan información crucial para la trama. La arquitectura de los escenarios y el diseño de los personajes están cargados de una simbología que sustituye con creces la ausencia de verbos.
Cada relato funciona como un mecanismo de relojería. Al no haber texto, la puesta en escena debe ser impecable para evitar la ambigüedad no deseada. Rico utiliza el encuadre para dirigir la mirada del lector con precisión quirúrgica, empleando planos detalle para enfatizar objetos que serán clave en el desenlace o planos generales que subrayan la insignificancia del individuo frente a su entorno. Esta técnica convierte la lectura en una experiencia inmersiva y casi cinematográfica, donde el silencio de las páginas amplifica el impacto emocional de las imágenes.
Historias Mudas es también una reflexión sobre el tiempo. Al carecer de diálogos que anclen la acción a un tiempo de lectura determinado por el habla, el lector es libre de demorarse en cada viñeta, descubriendo detalles que en una lectura rápida pasarían desapercibidos. Es un cómic que exige relectura, ya que la ausencia de palabras permite que cada interpretación sea ligeramente distinta, enriqueciendo la obra con cada nuevo acercamiento.
En definitiva, Gustavo Rico entrega una obra que es, a la vez, un desafío y un regalo para los amantes del cómic. Es un recordatorio de que, antes de que el sonido llegara al cine o el texto a las viñetas, la imagen ya era capaz de conmover, aterrorizar y explicar el mundo. Historias Mudas se posiciona como una pieza imprescindible en la bibliografía contemporánea del cómic español, demostrando que, a veces, para decir las cosas más profundas, no hace falta pronunciar una sola palabra. Es un triunfo de la narrativa visual pura que consolida a su autor como uno de los narradores más dotados y arriesgados del panorama actual.