Publicada originalmente a finales de la década de los 80 dentro de la prestigiosa colección *Aire Libre* de la editorial Dupuis, "El viaje a Italia" (*Le Voyage en Italie*) es la obra cumbre del autor suizo Cosey (Bernard Cosendai). Este cómic no solo consolidó su madurez artística, sino que se convirtió en un referente absoluto de la historieta europea contemporánea, alejándose de la aventura tradicional para adentrarse en los terrenos de la introspección, la nostalgia y el peso del pasado.
La trama nos presenta a dos viejos amigos estadounidenses, Art y Ian, quienes deciden emprender un viaje por Italia. Sin embargo, este no es un recorrido turístico convencional. El motor de la historia es la búsqueda de Shirley, una mujer que formó parte fundamental de sus vidas décadas atrás y que ahora reside en Europa. A través de este desplazamiento geográfico, Cosey articula un relato sobre el reencuentro, no solo con una persona amada, sino con la propia juventud y las decisiones que marcaron el rumbo de sus existencias.
Art y Ian representan dos caras de una misma moneda generacional. Art es el personaje más pragmático y equilibrado, mientras que Ian arrastra las cicatrices, tanto físicas como psicológicas, de un pasado convulso marcado por la sombra de la guerra de Vietnam y una sensibilidad mucho más frágil. La dinámica entre ambos es el corazón de la obra: una amistad forjada en el silencio, en lo no dicho y en una complicidad que no necesita de grandes explicaciones. El viaje sirve como catalizador para que afloren recuerdos, frustraciones y esa melancolía inherente al paso del tiempo.
Narrativamente, Cosey demuestra una maestría absoluta en el uso de la elipsis y el ritmo pausado. "El viaje a Italia" es un cómic donde los silencios hablan más que los diálogos. El autor confía en la capacidad del lector para interpretar las miradas y los gestos de sus protagonistas. No hay grandes giros de guion ni escenas de acción; la tensión es puramente emocional. La estructura se divide en dos partes que funcionan como un díptico perfecto, donde el paisaje italiano actúa como un personaje más, reflejando el estado anímico de los viajeros.
En el apartado visual, la obra es un despliegue de elegancia técnica. Cosey utiliza una evolución personal de la "línea clara", dotándola de una calidez y una atmósfera que la alejan de la frialdad geométrica. Su dibujo es limpio, pero extremadamente expresivo. Destaca especialmente el uso del color, con una paleta de tonos suaves y acuarelados que capturan la luz del Mediterráneo, los atardeceres en la Toscana y la atmósfera de las ciudades italianas con una sensibilidad casi cinematográfica. El encuadre de las viñetas, a menudo panorámico, refuerza esa sensación de viaje y de espacio abierto, invitando al lector a contemplar el entorno junto a los personajes.
El tema central de la obra es la búsqueda de la felicidad y la aceptación de la pérdida. Shirley, el objeto de su búsqueda, funciona como un ideal de juventud que ambos intentan recuperar, aunque en el fondo saben que el tiempo es irreversible. Cosey explora cómo los ideales de los años 60 y 70 se han transformado en la madurez, y cómo cada individuo lidia con sus propios fantasmas. Es una reflexión sobre la identidad y sobre cómo los lugares que visitamos están inevitablemente teñidos por los recuerdos que proyectamos en ellos.
"El viaje a Italia" es, en definitiva, una obra introspectiva que redefine el concepto de aventura en el noveno arte. No se trata de llegar a un destino, sino de lo que ocurre en el interior de los personajes mientras se desplazan hacia él. Es un cómic que exige una lectura pausada, capaz de evocar sentimientos universales a través de una historia pequeña y cotidiana. Para cualquier estudioso o aficionado al medio, esta obra representa el triunfo de la narrativa intimista, demostrando que el cómic es un vehículo perfecto para explorar la complejidad del alma humana con la misma profundidad que la mejor literatura o el cine de autor.