El ultimo zombi – Infierno

El último zombi: Infierno no es solo una continuación en la saga creada por el guionista Luciano Saracino; es el punto de inflexión donde la narrativa de supervivencia se transforma en una crónica de la desesperación absoluta. En este tercer volumen de la aclamada serie de historieta argentina, la premisa original —la extinción de los muertos vivientes y el viaje del doctor Alejandro hacia un posible origen o cura— alcanza una madurez sombría que redefine los tropos del género postapocalíptico.

La historia nos sitúa en un mundo donde la amenaza zombi ha dejado de ser una horda imparable para convertirse en un eco decadente. Sin embargo, este vacío de poder y de terror no ha traído la paz, sino que ha revelado la verdadera naturaleza del vacío humano. El protagonista, el doctor Alejandro, continúa su errático y doloroso camino a través de una geografía devastada, cargando no solo con sus instrumentos de investigación, sino con el peso moral de una especie que se niega a salvarse. En Infierno, el viaje físico se funde con un descenso psicológico. El título no hace referencia únicamente a un lugar geográfico o a las llamas de la destrucción, sino al estado mental de los supervivientes y a la estructura social deformada que ha emergido de las cenizas.

A diferencia de otros cómics de temática similar, donde la acción y el "gore" son el motor principal, esta obra se centra en la atmósfera y el existencialismo. El guion de Saracino se aleja de los diálogos expositivos innecesarios para permitir que el entorno hable. En este arco, el doctor Alejandro llega a asentamientos donde la lógica de la civilización ha sido reemplazada por cultos a la personalidad, fanatismos y una crueldad que los zombis, en su falta de conciencia, nunca pudieron alcanzar. La búsqueda de la "zona cero" o del "último zombi" se vuelve una excusa narrativa para explorar qué queda de la ética científica cuando ya no hay una sociedad que la sustente.

El apartado visual es fundamental para comprender la magnitud de este "infierno". El dibujo, caracterizado por un uso magistral de las sombras y una línea que transmite suciedad y cansancio, logra que el lector sienta el frío y la desolación de los paisajes. Las viñetas de este volumen son particularmente asfixiantes; incluso en los espacios abiertos, existe una sensación de encierro provocada por la desesperanza de los personajes. La representación de los pocos zombis que quedan es patética y melancólica, reforzando la idea de que el horror ya no reside en los muertos, sino en los vivos.

En Infierno, el ritmo narrativo se vuelve más denso. El encuentro con nuevos personajes no ofrece alivio, sino que añade capas de complejidad al dilema del protagonista. Alejandro se enfrenta a la pregunta de si vale la pena encontrar una cura para un mundo que parece haber aceptado su propia condenación. La obra evita los giros de guion efectistas para centrarse en una progresión orgánica hacia la oscuridad. Es un cómic de silencios prolongados, de miradas perdidas y de una tensión constante que no estalla en batallas épicas, sino en rupturas emocionales.

Para el lector de cómics, este volumen representa la consolidación de una identidad propia dentro del género. No intenta imitar la estética estadounidense ni el ritmo del manga; tiene una cadencia propia, profundamente ligada a la tradición de la historieta argentina de autor, donde el entorno es un personaje más y el héroe es, en realidad, un hombre común superado por las circunstancias. El último zombi: Infierno es una lectura obligatoria para quienes buscan una historia que utilice el pretexto del apocalipsis para diseccionar la condición humana sin concesiones, entregando una de las visiones más crudas y honestas de la literatura dibujada contemporánea. Es, en definitiva, el retrato de un mundo que no termina con una explosión, sino con el lento y agónico suspiro de quienes ya no saben por qué siguen caminando.

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