El Asesino que se Merece, obra del autor Víctor Araque (guion y dibujo) con el color de Andrea Torrejón, se erige como una de las piezas más crudas y lúcidas del género *noir* dentro del panorama del cómic español contemporáneo. Publicada originalmente por Dibbuks, esta novela gráfica no solo se adscribe a los códigos del relato criminal, sino que profundiza en la psique humana y en la descomposición social de una época convulsa, utilizando la narrativa secuencial para explorar los rincones más oscuros de la moralidad.
La historia nos sitúa en la Barcelona de los años 30, un escenario que se aleja de las postales modernistas para sumergir al lector en el fango del Barrio Chino (el actual Raval). En este contexto de miseria, tensiones políticas y desesperanza, conocemos a Víctor, el protagonista. Víctor no es el típico antihéroe del género negro; es un joven desencantado, imbuido de una filosofía nihilista y una arrogancia intelectual que lo separa de la masa empobrecida que lo rodea. Su desprecio por la vida, tanto la ajena como la propia, lo lleva a concebir una idea perturbadora: cometer un asesinato.
A diferencia de otros relatos criminales donde el móvil es el dinero, la venganza o la pasión, en *El Asesino que se Merece* el motor es puramente existencial. Víctor busca realizar un "crimen gratuito", un acto de voluntad pura que lo reafirme por encima de las leyes humanas y sociales. Hay una clara resonancia de la literatura de Dostoievski, especialmente de *Crimen y Castigo*, pero Araque traslada esta premisa a una España pre-Guerra Civil, donde la violencia parece ser el único lenguaje que la sociedad entiende.
La trama se desarrolla siguiendo los pasos de Víctor mientras planifica y ejecuta su plan, pero el foco no está en la logística del crimen, sino en la erosión psicológica del personaje. El autor disecciona cómo la teoría intelectual de Víctor choca frontalmente con la realidad física y emocional de la violencia. El cómic explora la soledad del individuo en una gran ciudad que, a pesar de estar superpoblada, actúa como un vacío que devora las aspiraciones de sus habitantes.
Visualmente, el trabajo de Víctor Araque es fundamental para transmitir esta atmósfera opresiva. Su dibujo, de trazo nervioso y expresionista, deforma ligeramente la realidad para acentuar el patetismo de los personajes y la suciedad de los entornos. Las calles de Barcelona se presentan como laberintos de sombras donde el peligro es constante. El diseño de personajes huye de la belleza convencional, optando por rostros marcados por el cansancio y la dureza de la vida urbana.
El color de Andrea Torrejón juega un papel narrativo crucial. Lejos de ser meramente decorativo, la paleta cromática refuerza el tono emocional de cada escena. Predominan los tonos ocres, grises y apagados, que subrayan la sensación de estancamiento y podredumbre ambiental. El uso de los contrastes lumínicos ayuda a focalizar la atención en el aislamiento de Víctor, marcando una distancia visual entre sus pensamientos y el mundo exterior.
A medida que la narración avanza, el cómic introduce personajes secundarios que sirven de contrapunto a la frialdad del protagonista, mostrando diferentes facetas de la supervivencia en la Barcelona de la época. Sin embargo, el núcleo de la obra sigue siendo el descenso a los infiernos de un hombre que, buscando demostrar su superioridad, acaba convirtiéndose en víctima de su propia vacuidad.
*El Asesino que se Merece* es una obra densa, que exige una lectura atenta. No ofrece respuestas fáciles ni redenciones complacientes. Es un estudio sobre la alienación, el peso de la culpa y la imposibilidad de escapar de uno mismo. En el panorama del cómic actual, destaca por su valentía al abordar temas filosóficos complejos sin abandonar la tensión narrativa propia del mejor *thriller* psicológico. Es, en definitiva, un retrato descarnado de una época y de una mente en conflicto, donde el título resuena como una pregunta incómoda sobre quién merece realmente el castigo en una sociedad ya de por sí condenada.