Diego Corrientes

En el vasto panorama del noveno arte español, pocas figuras históricas poseen el magnetismo y la carga romántica necesaria para trascender el papel y convertirse en un símbolo de resistencia popular. "Diego Corrientes", la obra adaptada magistralmente al cómic por el autor Juan Luis Rincón (bajo el sello de Cascaborra Ediciones en su colección *Historia de España en viñetas*), es un ejemplo soberbio de cómo la narrativa secuencial puede revitalizar el folclore y la crónica negra de nuestra historia.

La trama nos traslada a la Andalucía de la segunda mitad del siglo XVIII, un escenario donde las luces de la Ilustración apenas lograban penetrar en las sombras de las sierras y los latifundios. En este contexto de profunda desigualdad social, emerge la figura de Diego Corrientes Mateos, un hombre de origen humilde que, empujado por las circunstancias y un sentido de la justicia casi temerario, decide echarse al monte. El cómic no solo narra las peripecias de un fugitivo, sino que construye un retrato fidedigno de la España de Carlos III, donde la ley y el orden luchaban por imponerse en un territorio dominado por el caciquismo y la supervivencia.

Desde las primeras páginas, el lector es testigo de la transformación de un hombre común en el "bandido generoso". La obra evita caer en el cliché vacío del héroe invulnerable para presentarnos a un Diego humano, movido por el honor, pero también por la desesperación. Su lema, *"el que roba a los ricos para dar a los pobres"*, no es aquí un eslogan publicitario, sino el motor de una trama cargada de tensión política y social. La narrativa nos sumerge en una persecución constante, un juego del gato y el ratón donde las autoridades, personificadas en la figura implacable de la justicia sevillana y los destacamentos militares, intentan dar caza a un hombre que cuenta con el arma más poderosa de todas: el silencio y la lealtad del pueblo.

Visualmente, el cómic es una delicia para los amantes del detalle histórico. El dibujo de Rincón captura con precisión la atmósfera asfixiante de las cárceles de la época, la majestuosidad decadente de Sevilla y la agreste libertad de Sierra Morena. El uso de la línea y el sombreado refuerza esa sensación de realismo sucio, alejándose de las idealizaciones románticas del siglo XIX para ofrecernos una visión más cruda y directa. Los rostros, curtidos por el sol y el hambre, hablan tanto como los diálogos, transmitiendo una autenticidad que atrapa desde la primera viñeta.

El guion maneja con maestría el ritmo de la aventura. Hay espacio para la acción trepidante, con emboscadas en caminos polvorientos y huidas a caballo que parecen saltar de la página, pero también para la reflexión. El cómic explora la dualidad del bandolerismo: ¿es Diego un criminal que desafía el orden establecido o es el síntoma de un sistema enfermo que ignora a sus ciudadanos más vulnerables? Esta pregunta planea sobre toda la obra, elevando el relato por encima de la simple biografía para convertirlo en un drama social de plena vigencia.

Sin entrar en detalles que arruinen la experiencia del lector, cabe destacar la importancia de los personajes secundarios. Desde los compañeros de fatigas de Diego hasta las mujeres que, en la sombra, jugaron papeles cruciales en su supervivencia, el cómic dota de tridimensionalidad a todo el reparto. La tensión aumenta a medida que el cerco se estrecha, y el lector siente la claustrofobia de un hombre que, a pesar de tener todo el horizonte para correr, se sabe atrapado por su propio destino y por la traición que siempre acecha en los rincones más inesperados.

En definitiva, "Diego Corrientes" es una lectura imprescindible no solo para los entusiastas de la historia de España, sino para cualquier amante del buen cómic de aventuras con trasfondo social. Es una obra que recupera la memoria de un mito, despojándolo de adornos innecesarios para devolvernos su esencia más pura: la de un rebelde que prefirió morir en libertad que vivir de rodillas. Una pieza fundamental que demuestra que nuestras propias leyendas tienen la fuerza suficiente para competir con cualquier héroe de ficción internacional.

Deja un comentario