Control

Dentro del vasto panorama del noveno arte, donde a menudo predominan las capas y los poderes sobrehumanos, surge 'Control' como una propuesta cruda, anclada en la realidad más asfixiante del género negro y el procedimiento policial. Publicada por Dynamite Entertainment y orquestada por el guionista Andy Diggle (*The Losers*, *Green Arrow: Year One*) junto a Angela Cruickshank, con el arte distintivo de Andrea Mutti, esta obra se posiciona no solo como un thriller criminal, sino como una disección de las estructuras de poder en el corazón de los Estados Unidos.

La narrativa nos sitúa en Washington D.C., una ciudad que en este cómic se aleja de la majestuosidad de sus monumentos para mostrar su faceta más sombría: la de los callejones húmedos y las oficinas donde se decide el destino de la nación bajo una luz fluorescente y fría. La protagonista es la detective Kate Strickland, una investigadora de homicidios veterana, astuta y profundamente pragmática que trabaja en el Departamento de Policía Metropolitana. Strickland es el arquetipo del detective que ha visto demasiado, pero que aún conserva un código ético inquebrantable, lo que la convierte en una anomalía en un entorno diseñado para la complacencia.

El detonante de la historia es el hallazgo de un cadáver en circunstancias que, a primera vista, podrían parecer un incidente rutinario de la violencia urbana. Sin embargo, para una mirada entrenada como la de Strickland, los detalles no encajan. Lo que comienza como una investigación de homicidio estándar pronto empieza a revelar hilos que se extienden mucho más allá de la jurisdicción local. La trama se complica cuando la detective descubre que la víctima estaba vinculada a una red de influencias que toca las esferas más altas de la política y la tecnología de vigilancia.

El título, 'Control', funciona en múltiples niveles. Por un lado, hace referencia al control policial y al orden público, pero por otro, alude a la capacidad de las élites para manipular la información, las pruebas y las vidas de los ciudadanos comunes. Diggle y Cruickshank construyen un guion donde la información es la moneda de cambio más valiosa y peligrosa. A medida que Strickland profundiza en el caso, se encuentra atrapada en una red de espionaje, chantaje y corrupción sistémica donde las fronteras entre los "buenos" y los "malos" se difuminan bajo el peso de la seguridad nacional y los intereses corporativos.

Visualmente, el trabajo de Andrea Mutti es fundamental para establecer la atmósfera de la obra. Su estilo, caracterizado por un trazo sucio, realista y cargado de sombras, captura perfectamente la decadencia moral de los escenarios. No hay colores brillantes aquí; la paleta cromática refuerza la sensación de una ciudad gris, lluviosa y opresiva. Mutti logra que las expresiones faciales de los personajes transmitan el cansancio y la paranoia que impregna cada página, permitiendo que el lector sienta el peso de la burocracia y el peligro inminente que acecha a la protagonista.

Uno de los puntos fuertes de 'Control' es su rechazo a los efectismos innecesarios. No hay persecuciones cinematográficas imposibles ni tiroteos coreografiados al estilo de Hollywood. En su lugar, el cómic se centra en el trabajo de campo: los interrogatorios tensos, la revisión de archivos, la vigilancia discreta y las conversaciones en voz baja en cafeterías de mala muerte. Es un procedimiento policial puro que exige la atención del lector, recompensándolo con una trama densa y bien armada que evita los clichés más manidos del género.

La dinámica entre Strickland y su entorno también es digna de mención. La detective debe navegar no solo por la peligrosidad del caso, sino también por las políticas internas de su propio departamento y las presiones externas de agencias federales que preferirían que el caso se cerrara rápidamente y sin hacer ruido. Esta lucha constante contra el sistema añade una capa de tensión psicológica que eleva la obra por encima de otros cómics de temática similar.

En resumen, 'Control' es una lectura esencial para los aficionados al *noir* contemporáneo y al drama criminal de alta intensidad. Es una obra que cuestiona quién tiene realmente el mando en una sociedad hiperconectada y qué precio debe pagar un individuo por intentar desvelar una verdad que nadie quiere escuchar. Sin recurrir a artificios, Diggle, Cruickshank y Mutti entregan una historia sólida, cínica y profundamente relevante sobre la pérdida de la privacidad y la erosión de la justicia en el mundo moderno.

Deja un comentario