Cimoc (Ed Norma

*Cimoc* no es simplemente una cabecera en la historia del noveno arte en España; es el testamento impreso de una época dorada y el vehículo principal que permitió la transición del cómic juvenil hacia la madurez del "cómic de autor". Editada por Norma Editorial en su etapa más influyente, que comenzó en 1981 tras una breve primera andadura en otra editorial, *Cimoc* (cuyo nombre es un palíndromo imperfecto de la palabra "cómic") se erigió como la revista de referencia para el lector que buscaba algo más que entretenimiento escapista: buscaba arte, vanguardia y narrativa compleja.

La propuesta de *Cimoc* se centró en ofrecer una cuidada selección de historietas que abarcaban géneros diversos, pero siempre bajo un prisma de calidad gráfica y literaria excepcional. A diferencia de otras publicaciones de la época que se especializaban en el terror o el humor transgresor, *Cimoc* apostó por una línea más ecléctica y europea. Fue la ventana principal a través de la cual el público español pudo acceder a las grandes obras del mercado franco-belga y, simultáneamente, sirvió de plataforma de despegue para los autores nacionales más brillantes.

El contenido de la revista se estructuraba principalmente en series por entregas y relatos cortos autoconclusivos. En sus páginas, la ciencia ficción ocupaba un lugar de honor, no como un género de aventuras espaciales simples, sino como un espacio para la especulación filosófica y social. No obstante, el género negro, la fantasía heroica, el erotismo elegante y el realismo sucio también encontraron un hogar en sus números mensuales. La revista no solo publicaba viñetas; incluía secciones de noticias, críticas de álbumes y artículos de opinión que ayudaron a profesionalizar la crítica de cómics en el país.

El elenco de autores que desfilaron por *Cimoc* constituye un "quién es quién" de la historia del cómic mundial. En el ámbito internacional, la revista trajo a España el genio de figuras como Moebius, cuyas visiones oníricas y trazo preciso redefinieron la estética de la ciencia ficción. También contó con la presencia de Enki Bilal, con su estilo denso y político, y de Milo Manara, quien elevó el cómic erótico a la categoría de arte mayor. Otros nombres fundamentales como Hugo Pratt, con su inconfundible Corto Maltés, o Richard Corben, con su dominio del volumen y el color, fueron habituales en sus páginas.

Sin embargo, el verdadero valor de *Cimoc* bajo el sello de Norma Editorial fue su compromiso con el talento hispano y latinoamericano. La revista fue el escenario donde autores como Alfonso Azpiri deslumbraron con la exuberancia visual de *Lorna*; donde Horacio Altuna exploró la condición humana y el deseo en sus relatos cortos; y donde Miguelanxo Prado comenzó a demostrar su maestría narrativa y cromática. También dio cabida a la crudeza social de Carlos Giménez y a la elegancia de autores como Juan Giménez o Vicente Segrelles, cuyo trabajo al óleo en *El Mercenario* dejó una huella imborrable en los lectores.

Visualmente, *Cimoc* se distinguía por una impresión de alta calidad para los estándares de la época, respetando el color original de las obras y ofreciendo portadas que hoy son consideradas piezas de coleccionista. La revista logró crear una identidad propia: la de un producto cultural serio, destinado a un público adulto que valoraba tanto el guion como la técnica del dibujo.

A lo largo de sus más de 170 números, *Cimoc* no solo sobrevivió a la crisis de las revistas de cómic de los años 90 durante más tiempo que la mayoría de sus competidoras, sino que dejó un legado de álbumes recopilatorios bajo la "Colección Cimoc" que hoy forman parte de las bibliotecas más selectas. Leer *Cimoc* hoy es realizar un viaje arqueológico por la evolución del lenguaje visual contemporáneo, comprendiendo cómo el cómic dejó de ser considerado un subgénero infantil para convertirse en la literatura dibujada que conocemos hoy. Es, en definitiva, la crónica de una ambición artística que logró elevar la historieta a su máxima expresión.

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