*Caza – Escenas de la vida de barrio*, la obra cumbre de Alberto Calvo, representa uno de los ejercicios de realismo sucio y costumbrismo urbano más potentes de la historieta argentina de finales de los años 80 y principios de los 90. Publicada originalmente de forma serializada en la mítica revista *Fierro*, esta obra se aleja de las convenciones del heroísmo tradicional para sumergirse en las vísceras de la cotidianeidad del conurbano bonaerense, ofreciendo un retrato crudo, pero profundamente humano, de la supervivencia en los márgenes de la gran ciudad.
La narrativa de Calvo se estructura a través de viñetas que funcionan como fragmentos de una realidad mayor. El protagonista, Caza, es un antihéroe por omisión: un hombre común, de rasgos marcados y mirada cansada, que transita las calles de un barrio que parece estar siempre al borde del colapso o del olvido. No hay grandes gestas ni villanos de opereta; los conflictos en *Caza* nacen de la falta de dinero, de la burocracia asfixiante, de la soledad en medio de la multitud y de las pequeñas mezquindades que surgen cuando la necesidad aprieta.
El escenario no es un mero fondo decorativo, sino un personaje vivo. El barrio en *Caza* está compuesto por paredes descascaradas, bares de mala muerte donde el tiempo se detiene entre el humo del cigarrillo y el olor a ginebra, y calles de tierra que parecen conectar con ninguna parte. Calvo logra capturar la esencia de una época marcada por la crisis económica y el desencanto social, transformando la geografía urbana en un laberinto emocional donde sus habitantes buscan, más que el éxito, una tregua mínima frente a la adversidad.
Visualmente, el cómic es una lección de expresionismo aplicado a la historieta social. El dibujo de Alberto Calvo destaca por un uso magistral del blanco y negro, con contrastes violentos que subrayan la dureza del entorno. Sus trazos son nerviosos, cargados de una suciedad estética que refuerza la atmósfera de precariedad. Las sombras no solo ocultan, sino que definen el volumen de unos personajes cuyos rostros parecen tallados por el cansancio. La expresividad de los personajes es fundamental: a través de sus gestos, el lector percibe la resignación, la picardía o la desesperación sin necesidad de extensos bloques de texto.
El guion se apoya en una economía de palabras que cede el protagonismo a la imagen y al ritmo de la calle. Los diálogos son secos, directos, impregnados del habla popular y del lunfardo, lo que otorga a la obra una autenticidad casi documental. Calvo no juzga a sus personajes; los observa con una mezcla de cinismo y ternura, permitiendo que sus acciones hablen por sí mismas. Las "escenas" que dan título a la obra son, en realidad, epifanías de lo cotidiano: un encuentro fortuito, una charla de café, un trámite fallido o una caminata nocturna bajo la lluvia.
Uno de los mayores logros de *Caza – Escenas de la vida de barrio* es su capacidad para universalizar lo local. Aunque está profundamente anclado en la identidad argentina de su tiempo, los temas que trata —la alienación urbana, la lucha por la dignidad y la resiliencia del espíritu humano— resuenan en cualquier contexto de marginalidad. Es un cómic que rechaza el artificio y se centra en la verdad del momento, convirtiéndose en un testimonio gráfico indispensable para entender la evolución de la narrativa adulta en el medio.
En conclusión, esta obra de Alberto Calvo es una pieza fundamental para cualquier estudioso o aficionado al noveno arte que busque historias con peso específico. *Caza* no ofrece soluciones ni finales felices, sino un espejo honesto y a veces doloroso de la vida misma. Es una invitación a mirar donde otros apartan la vista, encontrando belleza y significado en los rincones más oscuros y olvidados del barrio. Su lectura sigue siendo hoy tan vigente y necesaria como en el momento de su publicación, consolidándose como un pilar del realismo en la historieta contemporánea.