Publicada originalmente en 1995 bajo el sello independiente El Capitan Books, 'Balas Perdidas' (Stray Bullets) es la obra maestra absoluta de David Lapham y uno de los pilares fundamentales del cómic criminal moderno. Como autor integral —guionista, dibujante y editor—, Lapham construyó un universo de ficción que redefine el concepto de *noir* en la narrativa secuencial, alejándose de los clichés del detective privado para centrarse en la brutalidad de lo cotidiano y el efecto dominó de la violencia.
La premisa de 'Balas Perdidas' no sigue una línea temporal recta ni un único protagonista convencional. Se trata de una serie de relatos interconectados que saltan entre las décadas de los 70, 80 y 90, recorriendo diversos puntos de la geografía estadounidense. El título de la obra funciona como la metáfora central de todo el proyecto: una "bala perdida" no es solo un proyectil que impacta en el lugar equivocado, sino una decisión impulsiva, un encuentro fortuito o un error de juventud que termina por destruir la vida de personas que, en muchos casos, ni siquiera estaban involucradas en el conflicto original.
El cómic se estructura como una antología de vidas rotas. A través de sus páginas, conocemos a personajes recurrentes como la joven Virginia Applejack, el metódico pero peligroso "Spanish" Scott, la inestable Beth o el imponente Monster. Sin embargo, Lapham no nos presenta sus vidas de forma ordenada. Un número puede situarse en 1977 y mostrarnos la infancia traumática de un personaje, mientras que el siguiente nos traslada a 1984 para ver las consecuencias de esos traumas en su vida adulta. Esta estructura fragmentada obliga al lector a recomponer un rompecabezas emocional y criminal de una complejidad asombrosa.
Uno de los aspectos más distintivos de 'Balas Perdidas' es su crudo realismo. A diferencia de otros cómics de género, aquí no hay una glorificación de la delincuencia. La violencia en la obra de Lapham es súbita, torpe y devastadora. Los personajes no son genios del crimen ni héroes trágicos; son seres humanos profundamente defectuosos, movidos por el miedo, la lujuria, la codicia o, simplemente, por una mala racha de suerte. El autor explora con maestría cómo la inocencia se corrompe y cómo el entorno moldea la moralidad de los individuos hasta dejarlos irreconocibles.
Visualmente, la obra es un ejercicio de disciplina narrativa. Lapham utiliza casi exclusivamente una rejilla de ocho viñetas por página (dos columnas de cuatro), un formato que impone un ritmo cinematográfico y claustrofóbico. El dibujo en blanco y negro, con un uso magistral de las sombras y el contraste, refuerza la atmósfera opresiva del relato. Sus personajes poseen una expresividad facial asombrosa, capaz de transmitir desde el terror más absoluto hasta la apatía más profunda sin necesidad de diálogos excesivos. Además, el autor introduce ocasionalmente los segmentos de "Amy Racecar", una suerte de alter ego de ficción dentro de la ficción que permite explorar géneros más fantásticos o surrealistas, siempre como reflejo del estado mental de uno de los protagonistas.
'Balas Perdidas' es, en esencia, un estudio sobre el caos y la causalidad. Es una obra que no ofrece concesiones ni finales felices gratuitos. Su importancia en la historia del cómic radica en haber demostrado que el género negro podía ser algo más que gabardinas y femmes fatales; podía ser una crónica social descarnada sobre la pérdida de la inocencia en los suburbios y los bajos fondos de Estados Unidos. Para cualquier estudioso o aficionado al noveno arte, esta obra representa la cumbre de la narrativa independiente, manteniendo una coherencia y una fuerza emocional que pocos autores han logrado igualar en las últimas tres décadas. Es un cómic sobre gente que intenta desesperadamente encontrar un sentido a sus vidas mientras el mundo, de forma aleatoria y cruel, les dispara por la espalda.