La Colera de Fantomas

La Cólera de Fantomas, escrita por Olivier Bocquet e ilustrada por Julie Rocheleau, es una de las reinterpretaciones más audaces y visualmente impactantes de uno de los villanos más icónicos de la literatura popular francesa. Publicada originalmente como una trilogía y recopilada posteriormente en un solo volumen, esta obra recupera al personaje creado en 1911 por Marcel Allain y Pierre Souvestre, despojándolo de las interpretaciones cómicas de mediados del siglo XX para devolverle su esencia original: la de un genio del mal, un nihilista absoluto y un maestro del disfraz que no conoce la piedad.

La narrativa se sitúa en el París de 1911, en plena Belle Époque. La ciudad, que se pretende cuna de la civilización y el progreso, se ve sacudida por el regreso del "Señor del Terror". La premisa arranca con un evento de una potencia visual sobrecogedora: la ejecución pública de Fantomas. Ante una multitud enfervorizada y las autoridades máximas de Francia, la guillotina cae, terminando supuestamente con el reinado de sangre del criminal. Sin embargo, lo que debería haber sido el cierre de un capítulo oscuro se convierte en el prólogo de una pesadilla aún mayor. Fantomas no solo parece haber sobrevivido a lo imposible, sino que regresa con una furia renovada, dispuesto a demostrar que él no es un hombre, sino una fuerza de la naturaleza, una idea inatrapable que desprecia cualquier estructura social o moral.

El guion de Bocquet se centra en la obsesión y el juego del gato y el ratón, pero desde una perspectiva descarnada. Los antagonistas tradicionales, el inspector Juve y el periodista Fandor, son retratados aquí con una profundidad psicológica notable. Juve no es el héroe infalible; es un hombre consumido por su fracaso, cuya cordura se tambalea ante la imposibilidad de capturar a un espectro que siempre va tres pasos por delante. Por su parte, Fandor representa la mirada del testigo, el cronista que intenta dar sentido al caos en una sociedad que consume el crimen como espectáculo.

Lo que eleva a La Cólera de Fantomas por encima de otros ejercicios de nostalgia es, sin duda, el apartado gráfico de Julie Rocheleau. La artista canadiense rompe con el realismo tradicional del cómic europeo para abrazar un estilo expresionista, vibrante y casi febril. Su uso del color es narrativo: los rojos violentos, los amarillos enfermizos y los azules profundos no solo ambientan las escenas, sino que transmiten la temperatura emocional del relato. El trazo de Rocheleau es dinámico y nervioso, capaz de capturar tanto la elegancia de los salones parisinos como la brutalidad de los callejones y los actos terroristas de Fantomas. La ausencia de líneas de contorno definidas en muchos pasajes refuerza la idea de la mutabilidad del villano, alguien que puede ser cualquiera y estar en cualquier lugar.

La obra explora temas como la fascinación de las masas por la violencia, la ineficacia de las instituciones frente al genio individual y la naturaleza del miedo. No se trata de un cómic de robos ingeniosos, sino de una crónica sobre el poder del terrorismo intelectual y físico. Fantomas no busca dinero; busca el colapso del orden, y lo hace con una teatralidad macabra que convierte a París en su escenario personal.

En conclusión, La Cólera de Fantomas es una pieza esencial del cómic contemporáneo que logra modernizar un mito centenario sin traicionar sus raíces de folletín. Es una obra visceral que exige la atención del lector, ofreciendo una experiencia estética única donde la belleza del dibujo contrasta violentamente con la fealdad de los actos retratados. Es, en definitiva, el retrato definitivo de un monstruo que se niega a morir, narrado con una maestría técnica que redefine lo que puede ser una historieta de época.

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