Masquerade

Dentro del vasto ecosistema de Dynamite Entertainment y su ambiciosa recuperación de personajes de la Edad de Oro caídos en el dominio público, *Masquerade* destaca como una pieza fundamental para entender el entramado de *Project Superpowers*. Esta miniserie de cuatro números, escrita por Phil Hester y dibujada por Carlos Paul, no es solo un relato de origen o una aventura complementaria, sino un estudio de personaje que profundiza en la identidad, el sacrificio y la carga de la justicia sobrenatural.

La trama se centra en Diana Adams, una joven de la alta sociedad de los años 40 que, cansada de la pasividad de su entorno frente al avance del crimen y la injusticia, decide tomar cartas en el asunto. Sin embargo, a diferencia de otros vigilantes de su época que confían en el entrenamiento físico o la tecnología, el destino de Diana queda sellado al entrar en contacto con un artefacto místico: una máscara que posee una voluntad propia y una conexión con fuerzas que escapan a la comprensión humana.

El guion de Phil Hester se aleja de los tropos habituales del género para abrazar una atmósfera que roza el terror y el suspense psicológico. La máscara no es un simple accesorio; es una entidad que otorga a Diana la capacidad de ver la verdad absoluta, de traspasar las mentiras y las ilusiones de los demás, pero a un coste personal elevadísimo. Esta premisa transforma a Masquerade en una figura trágica. Mientras que otros héroes de *Project Superpowers* encuentran en sus habilidades una extensión de su patriotismo o su moral, para Diana, el poder es una lente que distorsiona su realidad y la aísla de la humanidad que intenta proteger.

La narrativa se estructura en dos planos temporales que convergen con maestría. Por un lado, asistimos a sus primeros pasos en la década de los 40, explorando cómo una mujer de su posición social navega por un mundo en guerra y un sistema patriarcal mientras oculta su doble vida. Por otro lado, la historia aborda las consecuencias de su encierro en la Urna de Pandora —el catalizador argumental de toda la saga de Alex Ross y Jim Krueger— y su posterior liberación en un presente cínico y desconocido. Este contraste es vital: Masquerade es una mujer fuera de su tiempo, lidiando con el trauma de haber perdido décadas de historia y enfrentándose a la evolución de un mal que ya no se esconde tras uniformes militares, sino que se filtra en las instituciones modernas.

Visualmente, el trabajo de Carlos Paul es determinante para establecer el tono de la obra. Su estilo, detallado y con una fuerte carga de sombras, refuerza la naturaleza oscura del personaje. El diseño de Masquerade, aunque respeta la estética clásica de Miss Masque, se siente aquí más imponente y espectral. Las secuencias donde la máscara "actúa" o revela verdades ocultas están narradas con un dinamismo que enfatiza la desorientación de la protagonista.

*Masquerade* funciona de manera independiente, pero su lectura enriquece exponencialmente la experiencia de *Project Superpowers*. Hester logra que el lector empatice con la alienación de Diana Adams, presentando la justicia no como un triunfo, sino como una responsabilidad que devora la identidad del portador. Es un cómic que cuestiona si es posible mantener la esencia propia cuando se sirve a una fuerza absoluta, y cómo la verdad, una vez revelada, puede ser la carga más pesada de todas. En definitiva, es una obra imprescindible para los seguidores del revisionismo superheroico que buscan historias con una capa extra de complejidad psicológica y un respeto reverencial por la historia del medio.

Deja un comentario