Nightman por Femeref se erige como una de las propuestas más intrigantes y visualmente arrestadoras dentro del panorama del cómic contemporáneo independiente. Esta obra no busca simplemente replicar los tropos del género de vigilantes, sino que los deconstruye a través de una lente de realismo sucio y un onirismo perturbador que redefine la relación entre el héroe y su entorno. Desde las primeras páginas, queda claro que el autor no está interesado en las batallas épicas de colores primarios, sino en las sombras que se alargan en los callejones de una metrópolis que parece devorar sistemáticamente a sus habitantes.
La trama nos introduce a un protagonista cuya relación con la noche es tanto simbiótica como parasitaria. El Nightman de Femeref es una figura que habita los márgenes, un hombre marcado por una percepción alterada que le permite —o le obliga a— ver aquello que el resto de la sociedad prefiere ignorar. Esta premisa sirve como motor para una narrativa que se aleja de la estructura episódica tradicional para abrazar un ritmo más cinematográfico y contemplativo. La historia se desarrolla en una ciudad que funciona como un organismo vivo, un entorno opresivo donde la arquitectura brutalista y la decadencia industrial forman el telón de fondo de una lucha interna constante por mantener la cordura.
Uno de los pilares fundamentales de este cómic es su apartado visual. Femeref despliega un dominio técnico excepcional en el uso del claroscuro, elevando la estética del *noir*