La Saga de Conan

La llegada de Conan el Cimmerio al mundo del cómic en 1970 supuso una revolución para la industria estadounidense, marcando el inicio de lo que hoy conocemos como «La Saga de Conan». Aunque el personaje fue creado por Robert E. Howard para las revistas *pulp* en 1932, su traslación al noveno arte bajo el sello de Marvel Comics —y posteriormente en otras editoriales como Dark Horse— redefinió el género de espada y brujería, dotándolo de una iconografía visual que persiste hasta la actualidad.

Esta saga no debe entenderse como una única serie lineal, sino como una crónica extensa y multiforme que narra la vida de Conan desde su juventud en las gélidas tierras de Cimmeria hasta su madurez como monarca del reino de Aquilonia. El núcleo fundamental de esta epopeya se divide históricamente en dos formatos principales que definieron el tono del personaje. Por un lado, la serie regular *Conan the Barbarian*, sujeta al Comics Code Authority, que presentaba aventuras en color con un tono de acción clásica. Por otro lado, la revista *The Savage Sword of Conan* (La Espada Salvaje de Conan), publicada en blanco y negro y en formato magazine, lo que permitía eludir la censura y ofrecer historias más crudas, violentas y con una carga atmosférica mucho más cercana al horror cósmico y la crudeza original de Howard.

El guionista Roy Thomas fue el arquitecto principal de esta arquitectura narrativa. Su labor consistió en una amalgama meticulosa: adaptó fielmente los relatos originales de Howard, integró pastiches de otros autores y creó material original para rellenar los huecos cronológicos en la vida del bárbaro. Bajo su mando, la saga se convirtió en un tapiz histórico de la Era Hiboria, un periodo ficticio de la Tierra situado entre el hundimiento de la Atlántida y el ascenso de las civilizaciones antiguas conocidas.

En el apartado visual, la saga contó con dos pilares fundamentales. Barry Windsor-Smith aportó en los inicios una estética detallista, influenciada por el prerrafaelismo y el *art nouveau*, que dotó a Conan de una elegancia salvaje. Sin embargo, fue John Buscema quien terminó de definir la imagen definitiva del personaje. El estilo de Buscema, caracterizado por una anatomía poderosa, un dinamismo narrativo excepcional y una capacidad única para retratar paisajes desolados y monstruosidades primigenias, convirtió al Cimmerio en un icono de virilidad y supervivencia.

La narrativa de la saga se aleja de los tropos del héroe convencional. Conan no actúa por altruismo, sino por un código de honor propio, instinto de preservación y una ambición pragmática. A través de los cientos de números que componen esta trayectoria, el lector asiste a su evolución: el joven ladrón en las ciudades de Zamora, el mercenario en los ejércitos de Turan, el pirata en la Costa Negra junto a Bêlit, y finalmente el guerrero cansado que toma la corona de Aquilonia por su propia mano.

Un elemento distintivo de esta obra es su tratamiento del entorno. La Era Hiboria no es un simple decorado; es un mundo vivo, cruel y decadente donde la civilización es vista a menudo como una fuente de corrupción, mientras que la barbarie se presenta como un estado de pureza y honestidad brutal. Los enfrentamientos contra hechiceros estigios, deidades olvidadas y bestias de eras pretéritas no son solo conflictos físicos, sino choques culturales entre la vitalidad del bárbaro y la decrepitud de imperios milenarios.

En resumen, «La Saga de Conan» en el cómic es una de las mayores empresas de construcción de mundo y desarrollo de personaje en la historia del medio. Su importancia radica en haber sabido traducir la prosa visceral de Howard a un lenguaje visual potente, estableciendo un estándar de calidad artística y narrativa que ha influenciado a generaciones de autores y que sigue siendo la referencia absoluta para cualquier relato de fantasía heroica. Es la crónica definitiva de un hombre que, sin más recursos que su fuerza y su intelecto, se enfrentó a un destino hostil para labrar su propio nombre en la historia.

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