Rescate en Teherán es una obra fundamental dentro del género del thriller político y el cómic histórico contemporáneo. Escrita por el guionista Jean-Claude Bartoll e ilustrada por Bernard Köllé, esta novela gráfica se sumerge en uno de los episodios más inverosímiles y tensos de la diplomacia internacional del siglo XX: la crisis de los rehenes en Irán de 1979, centrándose específicamente en la operación encubierta conocida como el "Canadian Caper".
La narrativa arranca con una reconstrucción meticulosa del asalto a la embajada de los Estados Unidos en Teherán el 4 de noviembre de 1979. En medio del caos de la Revolución Islámica, mientras decenas de funcionarios son tomados como rehenes, el guion de Bartoll pone el foco en un pequeño grupo de seis diplomáticos que logran escapar por una puerta lateral y encuentran refugio en la residencia del embajador canadiense, Ken Taylor. A partir de este punto, el cómic se aleja del cine de acción convencional para adentrarse en los entresijos del espionaje de alto nivel y la guerra psicológica.
El núcleo de la trama se desarrolla en dos frentes paralelos que convergen de manera magistral. Por un lado, vivimos el claustrofóbico encierro de los seis fugitivos, cuya existencia debe permanecer en absoluto secreto; cualquier filtración supondría su ejecución inmediata y un conflicto internacional sin precedentes para Canadá. Por otro lado, la obra nos traslada a los despachos de la CIA en Langley, donde el especialista en exfiltraciones Tony Mendez debe diseñar un plan para sacarlos del país.
Lo que hace que este cómic sea excepcional es cómo aborda la naturaleza surrealista del plan de rescate. Ante la imposibilidad de utilizar coberturas tradicionales como periodistas o técnicos petroleros —debido a la vigilancia extrema en los aeropuertos iraníes—, Mendez propone una idea que roza el absurdo: hacer pasar a los diplomáticos por un equipo de producción cinematográfica canadiense que busca localizaciones para una película de ciencia ficción titulada *Argo*.
Visualmente, Bernard Köllé opta por un estilo realista y detallado, propio de la mejor tradición del cómic europeo de investigación. Su dibujo es sobrio y preciso, huyendo de la espectacularidad gratuita para centrarse en la expresividad de los rostros y la ambientación histórica. La recreación de las calles de Teherán, saturadas de fervor revolucionario, contrasta con la frialdad de las oficinas gubernamentales en Washington. El uso del color refuerza esta dicotomía, empleando tonos ocres y polvorientos para Irán, frente a los azules y grises de la inteligencia estadounidense.
El ritmo narrativo está gestionado con una precisión quirúrgica. Bartoll, experto en geopolítica, evita los maniqueísmos y se centra en la logística del engaño. El lector asiste a la creación de una infraestructura ficticia en Hollywood, con oficinas reales,