Jason Brice

Jason Brice, escrita por el guionista belga Alcante (Christophe Pasquens) e ilustrada por el artista serbio Milan Jovanovic, es una de las propuestas más sólidas del suspense sobrenatural y el género detectivesco dentro del cómic europeo contemporáneo. Publicada originalmente bajo el sello de Dupuis, esta obra se aleja de los tropos habituales del terror fantástico para ofrecer una narrativa introspectiva, rigurosa en su ambientación histórica y profundamente anclada en el conflicto entre la razón y lo inexplicable.

La historia nos sitúa en el Londres de los años 20, una ciudad que todavía intenta lamerse las heridas tras la devastación de la Primera Guerra Mundial. En este escenario de melancolía y trauma colectivo, el espiritismo ha experimentado un auge sin precedentes; miles de familias desesperadas buscan contactar con sus seres queridos caídos en el frente, lo que ha dado pie a la proliferación de médiums, charlatanes y estafadores que lucran con el dolor ajeno. Aquí es donde entra en juego el protagonista, Jason Brice.

Brice no es un detective privado convencional. Su especialidad es el desenmascaramiento de fraudes paranormales. Como hombre de ciencia y veterano de guerra, posee una mente analítica, escéptica y profundamente racional. Su misión es aplicar la lógica deductiva para demostrar que detrás de cada levitación, cada psicofonía y cada aparición espectral no hay más que trucos de feria, espejos y manipulación psicológica. Para Brice, el mundo es un lugar puramente material donde la magia no tiene cabida, y su trabajo consiste en proteger a los incautos de aquellos que explotan la fe.

Sin embargo, la estructura narrativa de la obra da un giro fundamental cuando Brice se enfrenta a un caso que desafía sus cimientos intelectuales. A través de una serie de álbumes que componen un arco argumental cerrado, el protagonista se ve envuelto en una investigación que involucra manuscritos antiguos, reliquias de dudosa procedencia y una red de sociedades secretas que operan en las sombras de la alta sociedad británica. Lo que comienza como un encargo rutinario para exponer a un farsante se transforma gradualmente en un descenso hacia lo desconocido, donde las explicaciones racionales empiezan a flaquear.

El guion de Alcante destaca por su ritmo pausado pero implacable. No busca el susto fácil ni la acción desenfrenada; en su lugar, construye una atmósfera de tensión creciente. El autor utiliza la figura de Brice para explorar temas filosóficos profundos: la necesidad humana de creer en algo más allá de la muerte, el peso de la culpa y la fragilidad de la cordura cuando la realidad que conocemos se agrieta. La evolución del personaje es el eje central de la trama; pasamos de ver a un hombre seguro de sus convicciones a un individuo atormentado por la posibilidad de que sus leyes físicas no sean universales.

En el apartado visual, Milan Jovanovic realiza un trabajo magistral que eleva la obra por encima de la media del género. Su estilo es realista, detallado y dotado de una elegancia clásica que encaja a la perfección con la estética *noir* de la época. La recreación del Londres de entreguerras es impecable, desde los clubes privados envueltos en humo de tabaco hasta los callejones neblinosos y las bibliotecas polvorientas. Jovanovic utiliza una paleta de colores sobria, donde los juegos de luces y sombras no solo establecen el tono de misterio, sino que actúan como una metáfora visual de la lucha interna del protagonista entre la luz de la razón y la oscuridad de lo oculto.

Jason Brice es, en definitiva, un cómic de investigación criminal con tintes esotéricos que respeta la inteligencia del lector. No ofrece respuestas masticadas ni recurre a soluciones mágicas para resolver sus enigmas. Es una obra que se disfruta por su rigor histórico, su profundidad psicológica y su capacidad para mantener la ambigüedad sobre la naturaleza de lo sobrenatural hasta sus últimas consecuencias. Para los seguidores de relatos al estilo de Sherlock Holmes que buscan una vuelta de tuerca hacia lo macab

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