El Cerebro de Donovan

La adaptación al cómic de "El Cerebro de Donovan" (basada en la influyente novela de ciencia ficción y terror de Curt Siodmak de 1942) representa uno de los ejercicios más fascinantes de horror psicológico y ética científica trasladados a las viñetas. Aunque ha tenido diversas encarnaciones, la más recordada por los coleccionistas es su paso por las antologías de terror de mediados del siglo XX, especialmente en la era dorada de los cómics de suspense, donde la narrativa visual logró potenciar la claustrofobia y la tensión de la obra original.

La historia se centra en el doctor Patrick Cory, un científico brillante pero obsesivo que vive y trabaja en un laboratorio aislado. Su investigación se enfoca en un campo fronterizo y controvertido: la posibilidad de mantener vivo un cerebro humano fuera del cuerpo, alimentándolo artificialmente. La oportunidad de poner a prueba sus teorías más extremas surge de manera inesperada cuando un avión privado se estrella cerca de su propiedad. El único superviviente aparente es W.H. Donovan, un multimillonario despiadado, egoísta y poseedor de una voluntad de hierro, que llega a manos de Cory en estado agónico.

Ante la imposibilidad de salvar el cuerpo de Donovan, Cory toma una decisión que cruza todos los límites éticos de la medicina: extrae el cerebro del magnate y lo coloca en un tanque de cristal lleno de una solución electrolítica. El experimento es, desde un punto de vista técnico, un éxito rotundo. El cerebro no solo sobrevive, sino que muestra signos de actividad eléctrica vigorosa. Sin embargo, lo que comienza como un hito científico pronto se transforma en una pesadilla de control mental y degradación moral.

El cómic utiliza de manera magistral el recurso visual del cerebro en el tanque —una masa grisácea y pulsante que parece observar todo lo que ocurre en el laboratorio— para generar una atmósfera de vigilancia constante. A medida que la trama avanza, el cerebro de Donovan demuestra que su voluntad no ha muerto con su cuerpo. A través de una forma de telepatía o sugestión hipnótica, el órgano comienza a comunicarse con Cory. Lo que al principio son impulsos débiles se convierten rápidamente en órdenes imperativas.

El núcleo narrativo se desplaza entonces hacia la transformación de Patrick Cory. El científico, que inicialmente creía tener el control total sobre su espécimen, empieza a sufrir lagunas mentales y cambios drásticos de personalidad. El cómic ilustra esta posesión psicológica mediante sutiles cambios en la expresión facial de Cory y en su lenguaje corporal, que empieza a imitar los gestos y la arrogancia del fallecido Donovan. El hombre de ciencia se convierte, poco a poco, en el recipiente físico de la ambición y la maldad del millonario.

La tensión aumenta cuando el entorno de Cory —su esposa Janice y su asistente— nota que el doctor ya no es el mismo. El cerebro de Donovan, libre de las limitaciones de la carne y potenciado por el aislamiento del tanque, busca recuperar su imperio financiero y continuar con sus planes de poder desde el laboratorio, utilizando a Cory como su marioneta. La lucha interna del protagonista por recuperar su autonomía frente a una mente superior y maligna constituye el motor de suspense de la obra.

Visualmente, las adaptaciones al cómic de esta historia suelen apoyarse en el claroscuro y en una estética de "científico loco" modernizada, donde el laboratorio se siente como una prisión tanto para el cerebro como para el doctor. La narrativa evita los excesos de acción para centrarse en el horror de la pérdida de la identidad. Es una exploración sobre si la esencia de un hombre reside en su conciencia y si esa conciencia, despojada de humanidad y empatía, puede convertirse en un parásito imparable.

"El Cerebro de Donovan" en formato cómic es, en definitiva, un estudio sobre la ambición desmedida y los peligros de jugar a ser Dios, manteniendo al lector en vilo mientras observa cómo la voluntad de un muerto es capaz de doble

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