Espolique

*Espolique*, la obra magna de Manel Cráneo, se erige como una de las piezas más singulares, densas y visualmente fascinantes de la narrativa gráfica contemporánea, especialmente dentro del prolífico ecosistema del cómic gallego. Publicada bajo el sello de Demo Editorial, esta obra no es solo un relato de aventuras o una distopía al uso; es un ejercicio de construcción de mundo (world-building) que utiliza lo grotesco y lo satírico para diseccionar las miserias de la condición humana y las estructuras de poder.

La trama se sitúa en el Reino de Merda, un escenario que, haciendo honor a su nombre, se presenta como un entorno degradado, orgánico y asfixiante. En este mundo, la supervivencia no es un derecho, sino una lucha constante contra la entropía y la tiranía. El protagonista, que da nombre al cómic, es un "espolique": un individuo que habita los márgenes, un buscador de restos, un superviviente que se mueve entre los detritos de una civilización que parece haber olvidado su propio origen. La figura del espolique funciona como el hilo conductor a través de un paisaje onírico y pesadillesco, donde la lógica de lo absurdo impera sobre la razón.

Desde el punto de vista narrativo, *Espolique* evita las estructuras lineales convencionales para sumergir al lector en una experiencia inmersiva. Manel Cráneo no se limita a contar una historia; despliega un ecosistema completo. El Reino de Merda está regido por jerarquías demenciales, cultos extraños y una burocracia de la decadencia que el autor utiliza para lanzar una crítica mordaz hacia la sociedad actual. A pesar de su ambientación fantástica, los ecos de la corrupción, la explotación laboral y la alienación social resuenan con una claridad meridiana en cada página.

El apartado visual es, sin duda, el pilar fundamental de la obra. Cráneo hace gala de un estilo barroco y detallista que bebe directamente de las fuentes del *underground* europeo y americano, con influencias que remiten a maestros como Richard Corben o Moebius, pero pasadas por un tamiz personalísimo y profundamente gallego. El uso del blanco y negro es magistral, empleando un entintado denso que potencia la sensación de suciedad y relieve. Cada viñeta está cargada de texturas: desde la rugosidad de las rocas y la viscosidad de los fluidos hasta el detalle minucioso en la fisonomía de las criaturas que pueblan este reino. El diseño de personajes es deliberadamente deforme, alejándose de cualquier canon de belleza para abrazar una estética de lo feo que resulta, paradójicamente, de una belleza plástica incuestionable.

La arquitectura del Reino de Merda merece una mención aparte. Las estructuras que aparecen en el cómic parecen crecer de forma biológica, mezclando lo mecánico con lo visceral. Esta estética "biopunk" refuerza la idea de un mundo que se devora a sí mismo, donde la tecnología y la carne se han fusionado en una amalgama de desperdicios. El autor logra que el entorno sea un personaje más, con una presencia física que casi se puede oler y sentir a través del papel.

En cuanto al tono, *Espolique* bascula entre el humor negro más ácido y una melancolía existencial profunda. No hay héroes en el sentido tradicional; hay seres que intentan mantener un atisbo de dignidad o simplemente seguir respirando un día más en un entorno hostil. La obra invita a una lectura pausada, no solo para desentrañar los detalles del dibujo, sino para captar las sutilezas de

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