La etapa de IDW Publishing con la franquicia *Doctor Who* representa uno de los periodos más creativos y expansivos para el Señor del Tiempo en el formato de las viñetas. Los Volúmenes 1 y 2 de esta colección no son solo adaptaciones, sino extensiones canónicas que aprovechan la libertad del noveno arte para llevar al Doctor a lugares donde el presupuesto de la televisión de la BBC, en aquel entonces, no podía llegar.
El Volumen 1 se sitúa firmemente en la era del Décimo Doctor. Tras los eventos traumáticos de la cuarta temporada televisiva, encontramos a un Doctor que viaja inicialmente en solitario, cargando con el peso de ser el último de su especie. Sin embargo, el cómic introduce rápidamente a compañeros exclusivos de este medio, como la defensora de los derechos de los alienígenas Maj Padi y el joven Matthew Finnegan. Esta decisión narrativa permite que el lector experimente una dinámica fresca, alejada de las tramas románticas o de dependencia emocional que a menudo definieron su etapa en pantalla.
A nivel argumental, este primer volumen destaca por su estructura de arcos interconectados. El guionista principal, Tony Lee, logra capturar la voz maníaca, rápida y melancólica de David Tennant con una precisión asombrosa. Las historias nos llevan desde una Londres victoriana asediada por fuerzas sobrenaturales hasta estaciones espaciales en los confines del universo donde la física misma parece romperse. El arte en este volumen es variado, pero mantiene una constante: la capacidad de retratar la expresividad del Décimo Doctor, sus gestos icónicos y su capacidad para pasar de la alegría infantil a la furia de un dios antiguo en una sola viñeta.
Por otro lado, el Volumen 2 marca la transición hacia la undécima encarnación del Doctor. Con el cambio de regeneración, el tono del cómic también sufre una metamorfosis necesaria para alinearse con la estética de "cuento de hadas oscuro" que Steven Moffat impuso en la serie de televisión. Aquí, el Doctor está acompañado por Amy Pond y Rory Williams, lo que permite explorar la dinámica de la "TARDIS llena" y los conflictos domésticos en entornos alienígenas hostiles.
Este segundo volumen es notablemente más ambicioso en su escala. Las tramas se vuelven más complejas, jugando con la naturaleza no lineal del tiempo, un sello distintivo de la era de Matt Smith. Los guiones exploran conceptos de ciencia ficción dura mezclados con fantasía surrealista. Uno de los puntos fuertes de este volumen es cómo utiliza a los enemigos clásicos; no se limita a repetir enfrentamientos vistos en televisión, sino que los sitúa en contextos nuevos que desafían la ética del Doctor. El apartado visual en el Volumen 2 tiende a ser más cinematográfico, con un uso del color que resalta la naturaleza vibrante y a veces caótica de la undécima encarnación.
Lo que une a ambos volúmenes es la comprensión profunda de la mitología de la serie. No se trata de historias de relleno; son relatos que profundizan en la psicología del Señor del Tiempo. El cómic permite pausas reflexivas y monólogos internos que en la televisión podrían resultar pesados, pero que aquí enriquecen la comprensión del protagonista. Además, la ausencia de límites en el diseño de producción permite que los artistas creen paisajes alienígenas verdaderamente extraños, razas de formas imposibles y naves espaciales de una escala colosal.
En resumen, los Volúmenes 1 y 2 de *Doctor Who* bajo el sello de IDW son lecturas esenciales para cualquier seguidor de la serie moderna. Ofrecen una visión panorámica de dos de las encarnaciones más queridas del personaje, respetando su esencia pero atreviéndose a explorar rincones del espacio y el tiempo que la cámara de televisión aún no había descubierto. Es una obra que equilibra perfectamente la aventura episódica con el desarrollo de personajes a largo plazo, consolidando al Doctor como un icono que trasciende la pantalla para dominar también el papel.