Pathfinder: Mundohuida Vol. 1 representa uno de los hitos más ambiciosos dentro de la línea editorial de cómics basada en el célebre juego de rol de Paizo. Publicado originalmente por Dynamite Entertainment y escrito por Erik Mona (director creativo de Paizo), este volumen no es solo una expansión del lore de Golarion, sino un ejercicio de metaliteratura que rinde homenaje a los pilares del género *pulp* y la fantasía heroica clásica.
La premisa arranca cuando los "Iconos" de Pathfinder —los personajes pregenerados que sirven de rostro al juego: Valeros el guerrero, Seoni la hechicera, Merisiel la pícara y Kyra la clérigo— son arrancados de su mundo natal de forma súbita y violenta. A través de una magia desconocida y de escala cósmica, se ven transportados al "Mundohuida" (Worldscape), una dimensión de bolsillo que actúa como un nexo entre realidades, tiempos y espacios. Este lugar no es un paraíso, sino una prisión de dimensiones planetarias diseñada como un campo de batalla eterno donde los guerreros más formidables de la historia y la ficción son obligados a luchar.
El núcleo narrativo de este primer volumen se centra en la desorientación inicial de los héroes de Pathfinder y su rápida adaptación a un entorno donde las reglas de la magia y la física parecen alteradas. El Mundohuida está compuesto por fragmentos de otros mundos: selvas impenetrables, desiertos rojos y ciudades ciclópeas que parecen extraídas de las pesadillas de autores como Robert E. Howard o Edgar Rice Burroughs. Es en este escenario donde la obra despliega su mayor atractivo: el *crossover* masivo.
A diferencia de otros cruces de franquicias que suelen ser superficiales, *Mundohuida* integra de forma orgánica a personajes legendarios que hoy son de dominio público o cuyas licencias pertenecen a Dynamite. Valeros y sus compañeros se encuentran cara a cara con figuras de la talla de Red Sonja, la diablesa con espada de Hyrkania; John Carter, el señor de la guerra de Marte; y Tarzán, el rey de la selva. La interacción entre estos personajes no se limita al combate; el guion de Erik Mona explora el choque de filosofías de combate y códigos de honor. Mientras que los héroes de Pathfinder dependen del trabajo en equipo y la combinación de habilidades tácticas y mágicas, los héroes del *pulp* operan bajo una épica más individualista y cruda.
El conflicto principal del volumen gira en torno a la figura del misterioso villano que controla el Mundohuida, quien utiliza este reino para cosechar las almas y las habilidades de los mejores combatientes del multiverso. Los protagonistas deberán navegar por una compleja red de alianzas temporales y traiciones, participando en combates de gladiadores y asedios a fortalezas flotantes para descubrir el mecanismo que les permita regresar a Golarion.
Visualmente, el cómic cuenta con el arte de Jonathan Lau, cuyo estilo dinámico y detallado es ideal para capturar la escala de las batallas y la diversidad de los entornos. Lau logra diferenciar claramente la estética de cada universo: la armadura funcional y los efectos mágicos coloridos de Pathfinder contrastan con la estética más bárbara y minimalista de Red Sonja o la tecnología anacrónica de Barsoom (Marte).
Un aspecto fundamental de este volumen, especialmente para los aficionados al juego de rol, es su carácter híbrido. *Mundohuida* no solo narra una historia épica, sino que funciona como un suplemento de juego. Cada número incluido en este tomo recopilatorio contiene apéndices con estadísticas oficiales para el juego de rol Pathfinder (1ª Edición), permitiendo a los jugadores integrar a Red Sonja o John Carter en sus propias campañas, además de ofrecer mapas y nuevas reglas inspiradas en los escenarios del cómic.
En resumen, *Pathfinder: Mundohuida Vol. 1* es una pieza esencial para entender la conexión entre el rol moderno y sus raíces literarias. Es una aventura de ritmo frenético que prescinde de introducciones innecesarias para sumergir al lector en un conflicto de escala multiversal, donde la supervivencia depende de la capacidad de los héroes para unir fuerzas con leyendas de eras pasadas. Es, en esencia, una carta de amor a la aventura en su estado más puro.