Adentrarse en las páginas de "Kit Boy – 1ª" es realizar un viaje arqueológico y fascinante a los orígenes de uno de los autores más laureados y respetados del panorama del cómic europeo contemporáneo: Paco Roca. Mucho antes de alcanzar la madurez narrativa de obras maestras como *Arrugas* o *La casa*, Roca ya demostraba un dominio excepcional del lenguaje secuencial y una capacidad innata para la aventura en esta serie, que se ha convertido con el tiempo en una pieza de culto para los coleccionistas y estudiosos del noveno arte en España.
Publicado originalmente a mediados de los años 90 (en cabeceras emblemáticas como *El Víbora* y posteriormente recopilado por Ediciones La Cúpula), *Kit Boy* es, ante todo, una carta de amor —y a la vez una subversión inteligente— del estilo de la "línea clara" franco-belga. En este primer volumen, se nos presenta a un protagonista que hereda la estética y el espíritu de los grandes héroes del cómic clásico, como el Tintín de Hergé, pero trasladado a un contexto mucho más cínico, dinámico y, por momentos, surrealista.
La sinopsis nos sitúa en un mundo que, aunque visualmente limpio y ordenado gracias al trazo impecable de Roca, esconde bajo su superficie una red de intrigas, peligros y personajes estrafalarios. Kit Boy, el joven protagonista de rostro ingenuo y determinación inquebrantable, se ve envuelto en una serie de peripecias que lo llevan a recorrer escenarios que oscilan entre lo cotidiano y lo exótico. Acompañado a menudo por su fiel perro (un guiño inevitable a la tradición del género), Kit Boy no es solo un aventurero; es un catalizador de situaciones donde el humor absurdo y la crítica social velada se dan la mano.
En esta primera entrega, el conflicto arranca con un ritmo vertiginoso. Lo que comienza como un encargo aparentemente sencillo o un encuentro fortuito, pronto escala hacia una trama de espionaje, persecuciones y misterios que desafían la lógica del sentido común. Paco Roca utiliza este primer álbum para establecer las reglas de su universo: un lugar donde la aventura clásica no ha muerto, pero debe sobrevivir en un mundo moderno lleno de contradicciones. La narrativa es ágil, con un uso del color que no solo embellece las viñetas, sino que dicta el estado emocional de cada escena, pasando de la luminosidad de los espacios abiertos a la opresión de los callejones y laboratorios secretos.
Uno de los puntos más fuertes de *Kit Boy – 1ª* es su capacidad para jugar con las expectativas del lector. Aunque el dibujo sugiera una lectura juvenil, el guion posee capas de lectura mucho más profundas. Hay una ironía constante en la forma en que Kit Boy interactúa con los adultos, quienes a menudo se presentan como figuras ridículas, corruptas o simplemente superadas por las circunstancias. Esta dualidad convierte al cómic en una obra transgeneracional: los más jóvenes disfrutarán de la acción y el diseño de personajes, mientras que el lector adulto apreciará el homenaje formal y el ingenio de sus diálogos.
Desde el punto de vista técnico, este álbum es una lección de composición. Paco Roca ya mostraba aquí una claridad narrativa envidiable; cada viñeta está diseñada para guiar el ojo sin esfuerzo, manteniendo una tensión constante que invita a pasar la página. No hay trazos superfluos; cada línea tiene una función, ya sea definir un gesto o construir la arquitectura de una ciudad que se siente viva.
En resumen, "Kit Boy – 1ª" no es solo el debut de un personaje carismático, sino el testimonio del nacimiento de un estilo. Es una obra vibrante, divertida y estéticamente impecable que captura la esencia de la aventura pura, pero pasada por el filtro de la modernidad de finales del siglo XX. Para cualquier amante del cómic que quiera entender la evolución de la narrativa gráfica española, o simplemente para quien busque una historia de misterio y acción narrada con maestría, este primer volumen de Kit Boy es una parada obligatoria. Es el recordatorio de que, incluso en sus inicios, Paco Roca ya era