En el vasto y a menudo saturado panteón de Marvel Comics, existen relatos que se alejan de las capas brillantes y los ideales inquebrantables para sumergirse en las alcantarillas de la moralidad humana. "El Encapuchado" (The Hood), creada por el guionista Brian K. Vaughan y el artista Kyle Hotz, es precisamente esa clase de obra. Publicada originalmente bajo el sello MAX —la línea para lectores adultos de Marvel—, esta miniserie de seis números redefine lo que significa ser un "supervillano" en un mundo donde la supervivencia económica pesa más que cualquier ideología de dominación mundial.
La historia nos presenta a Parker Robbins, un delincuente de poca monta que habita en los márgenes de una Nueva York gris y despiadada. Parker no es un genio criminal ni posee un linaje heroico; es, en esencia, un hombre desesperado. Con una madre enferma que requiere cuidados costosos y una novia embarazada a la que desea ofrecerle una vida mejor, Parker se ve atrapado en un ciclo de hurtos menores y malas decisiones. Su vida cambia drásticamente durante un robo rutinario a un almacén que parece estar abandonado. En lugar de dinero o mercancía valiosa, Parker y su socio se topan con lo que parece ser un ritual místico. En el caos resultante, Parker abate a una criatura demoníaca y, casi por instinto, se apropia de sus pertenencias: una capa con capucha y un par de botas.
Lo que sigue es un descenso fascinante hacia lo desconocido. Parker descubre que estas prendas no son simples accesorios, sino artefactos de un poder oscuro y antiguo. Las botas le permiten caminar por el aire, desafiando la gravedad, mientras que la capa le otorga el don de la invisibilidad siempre que contenga la respiración. Sin embargo, a diferencia de los héroes tradicionales que usarían estos dones para combatir el crimen, Parker ve en ellos la herramienta definitiva para perfeccionar su carrera delictiva.
La genialidad de "El Encapuchado" radica en su enfoque realista y sucio. Brian K. Vaughan no intenta redimir a Parker, pero sí lo humaniza de una manera que resulta perturbadora para el lector. No estamos ante la historia de un hombre que se vuelve malvado, sino ante la de un hombre que ya estaba en el lado equivocado de la ley y que ahora tiene los medios para ser realmente peligroso. La narrativa explora la tensión constante entre su vida personal —donde intenta ser un buen hijo y un futuro padre responsable— y su ascenso en el inframundo criminal de Nueva York.
El arte de Kyle Hotz complementa esta visión a la perfección. Con un estilo que recuerda a lo macabro y lo gótico, Hotz dota a la ciudad de una atmósfera opresiva. Cada sombra parece esconder un secreto y el diseño de la capa, que se mueve casi como si tuviera vida propia, refuerza la idea de que Parker está jugando con fuerzas que no comprende del todo. El componente sobrenatural no se siente fuera de lugar en este drama criminal; al contrario, actúa como un catalizador que acelera la erosión moral del protagonista.
A medida que Parker Robbins comienza a hacerse un nombre bajo el alias de "El Encapuchado", la obra plantea preguntas incómodas sobre la ambición y las consecuencias. ¿Hasta dónde llegarías para proteger a los tuyos? ¿Es el poder un fin en sí mismo o simplemente un medio para escapar de la mediocridad? Sin caer en los clichés del género, el cómic nos muestra que en el universo Marvel, mientras los Vengadores luchan contra invasiones alienígenas en el cielo, en las calles se libra una guerra mucho más íntima y sangrienta por el control y el respeto.
"El Encapuchado" es una lectura esencial para quienes buscan una narrativa de género negro con tintes sobrenaturales. Es una disección del sueño americano desde su reverso más oscuro, protagonizada por un antihéroe que es tan fácil de despreciar como de comprender. Sin spoilers, basta decir que el viaje de Parker Robbins es solo el comienzo de una transformación que lo llevaría a convertirse en uno de los ejes centrales del crimen organizado en el Universo Marvel años después, pero es en este origen donde reside la verdadera esencia de su tragedia: la de un hombre que, al ponerse una capucha para ocultar su rostro, terminó perdiendo su alma