Antes de que el pequeño guerrero galo Asterix y su inseparable amigo Obelix conquistaran el mundo editorial, la legendaria dupla creativa formada por René Goscinny y Albert Uderzo ya había dado vida a una obra maestra que, aunque más breve en extensión, sentó las bases de su genio narrativo y visual. Se trata de Oumpah-Pah, una joya del noveno arte que nos transporta a la América del Norte del siglo XVIII, en plena época de la colonización francesa.
La historia se centra en el personaje homónimo, Oumpah-Pah, un guerrero de la tribu de los Shoshones (específicamente de la ficticia nación de los "Pies-Chatos"). Oumpah-Pah es la personificación del vigor físico, la honestidad brutal y una nobleza salvaje que lo hace destacar entre los suyos. Posee una fuerza prodigiosa y un sentido del deber inquebrantable, pero lo que realmente define su carácter es su capacidad para navegar en un mundo que está cambiando rápidamente debido a la llegada de los "rostros pálidos".
El contrapunto perfecto a este imponente guerrero es Hubert de la Pâte Feuilletée (conocido en algunas traducciones al español como Huberto de la Pasta de Hojaldre o Caballero Doble-Chapa). Hubert es un aristócrata francés, un oficial recién llegado de la corte de Versalles que, con su peluca empolvada, sus modales refinados y su inicial torpeza para la vida en la naturaleza, representa todo lo opuesto a Oumpah-Pah. Sin embargo, tras un encuentro fortuito que comienza con malentendidos y tensiones culturales, ambos personajes forjan una amistad inquebrantable, convirtiéndose en "hermanos de sangre".
La sinopsis de esta serie nos sitúa en un escenario de fronteras difusas. A través de sus cinco álbumes terminados, acompañamos a esta extraña pareja en misiones que oscilan entre la diplomacia política, la supervivencia en los bosques vírgenes y la defensa de la tribu contra amenazas externas, tanto de otras tribus rivales como de colonos europeos con dudosas intenciones. La genialidad de Goscinny brilla al utilizar este contexto histórico para desplegar un humor inteligente, basado en el choque de civilizaciones. El autor se burla con elegancia de la burocracia francesa, de las rígidas etiquetas de la nobleza y, al mismo tiempo, de los clichés asociados a los pueblos nativos americanos, siempre desde un prisma de respeto y parodia afectuosa.
Visualmente, *Oumpah-Pah* es un festín para los sentidos. Un Albert Uderzo en estado de gracia muestra una evolución asombrosa. Sus dibujos son dinámicos, llenos de expresividad y con una atención al detalle en los paisajes y vestimentas que sumerge al lector por completo en la atmósfera de la época. Las escenas de acción tienen un ritmo cinematográfico, mientras que las expresiones faciales de los personajes logran transmitir el humor slapstick y la ironía de los diálogos con una eficacia que pocos dibujantes han alcanzado en la historia del cómic franco-belga.
Lo que hace que *Oumpah-Pah* sea una lectura imprescindible para cualquier aficionado a los cómics no es solo su valor histórico como precursor de *Asterix*, sino su frescura atemporal. A pesar de haber sido creada a finales de los años 50, la serie evita los prejuicios hirientes de su época para centrarse en una aventura de compañerismo universal. Es la crónica de dos mundos que se encuentran y deciden, en lugar de destruirse, aprender el uno del otro a través de la risa y la lealtad.
En resumen, *Oumpah-Pah* es mucho más que un simple "ensayo" antes del éxito masivo de los galos; es una obra con identidad propia, rebosante de ingenio, con un dibujo soberbio y unos personajes tan carismáticos que el lector no puede evitar lamentar que sus aventuras solo se limitaran a cinco entregas. Es una invitación a explorar las llanuras americanas de la mano de un guerrero que come piedra pómez y un caballero que aprende que el honor no reside en los encajes de su camisa, sino en el valor de su palabra. Una lectura obligatoria para entender la evolución del cómic europeo y para disfrutar de una narrativa que, décadas después, sigue conservando toda su fuerza y su capacidad para hacernos sonreír.