Fanhunter Saga: El triunfo de la subcultura y la épica del «Narizón»
Para entender el fenómeno de *Fanhunter Saga*, primero debemos situarnos en la mente de su creador, Cels Piñol, y en el contexto de la España de los años 90. Lo que comenzó como un fanzine autopublicado con personajes de trazo simplista —los icónicos «narizones»— acabó convirtiéndose en una de las obras más influyentes, paródicas y queridas del cómic nacional. *Fanhunter Saga* no es solo una historia de ciencia ficción distópica; es una carta de amor, cargada de ironía, a toda una forma de entender la vida: el fandom.
La premisa de la saga nos sitúa en un futuro no tan lejano, específicamente en el año 1996 (visto desde la óptica de su creación). La historia arranca con un evento catastrófico para la libertad de expresión: Alejo Cuervo, el carismático pero desequilibrado propietario de la librería especializada Gigamesh en Barcelona, pierde el juicio por completo. Convencido de que es el heredero espiritual del escritor Philip K. Dick, Alejo organiza un golpe de estado global, conquista el Vaticano y se autoproclama Papa Alejo I.
Bajo su nuevo régimen teocrático y totalitario, Alejo I traslada la capital del mundo a Barcelona, rebautizándola como Barnacity. Su primera y más cruel medida es la prohibición absoluta de cualquier forma de subcultura o entretenimiento que no sea de su agrado personal. Los cómics, los juegos de rol, las películas de serie B, la música heavy metal y los videojuegos son declarados ilegales. Para imponer su voluntad, el Papa cuenta con los Fanhunters: un ejército de soldados clónicos, de aspecto vagamente similar a Tintín, cuya única misión es perseguir y exterminar a los «fans» recalcitrantes.
Es aquí donde nace la Resistencia. *Fanhunter Saga* narra las peripecias de un grupo heterogéneo de supervivientes que, ocultos en las alcantarillas y sótanos de Barnacity, luchan por preservar el legado de la cultura popular. Estos héroes no son soldados entrenados, sino antiguos libreros, jugadores de rol, dibujantes y coleccionistas que utilizan su conocimiento enciclopédico sobre cine y literatura para combatir la opresión.
Entre los personajes más emblemáticos encontramos a Don Depresor, un trasunto de Daredevil sumido en una melancolía crónica; Ridli Scott, un tipo duro inspirado en el cine de acción; o Konstantin, un antiguo sacerdote ortodoxo reconvertido en guerrillero. La genialidad de Piñol reside en cómo estos personajes, a pesar de su apariencia cómica y sus narices prominentes, logran transmitir una épica genuina. La lucha por el derecho a leer un tebeo o a jugar una partida de *Dungeons & Dragons* se eleva a la categoría de guerra de guerrillas urbana con tintes de tragedia griega y comedia slapstick.
El estilo narrativo de *Fanhunter Saga* es vertiginoso y está plagado de referencias meta-lingüísticas. Como experto, es fascinante observar cómo Piñol rompe la cuarta pared constantemente, integrando elementos de su propia vida y de la industria editorial española en la trama. El cómic funciona en varios niveles: como una aventura de acción trepidante, como una sátira política mordaz y como un juego de «encuentra la referencia» para el lector más avezado.
Visualmente, el estilo «narizón» es la marca de la casa. Aunque a primera vista pueda parecer rudimentario, posee una expresividad asombrosa y una capacidad narrativa que muchos dibujantes académicos envidiarían. La economía de medios de Piñol le permite centrarse en el ritmo cómico y en la composición de batallas multitudinarias donde el caos está perfectamente orquestado.
En resumen, *Fanhunter Saga* es el pilar fundamental del «Universo Fanhunter». Es la crónica de una resistencia desesperada contra la uniformidad del pensamiento. A través de sus páginas, se nos recuerda que la imaginación es el arma más poderosa contra cualquier tiranía. Es una lectura obligatoria no solo para los amantes del cómic español, sino para cualquiera que alguna vez se haya sentido parte de una comunidad por el simple hecho de amar una historia. Sin hacer *spoilers*, basta decir que la saga escala hacia un clímax donde el destino de la humanidad dependerá de la capacidad de los fans para mantener viva la chispa de la creatividad frente al dogmatismo de Alejo I. Un clásico imprescindible que definió el término «épico-degenerado».