En el vasto universo del noveno arte europeo, pocas obras han logrado capturar la esencia de la naturaleza y el espíritu de la infancia con la pureza y el respeto que emana de 'Yakari'. Creada en 1969 por el guionista suizo Job (André Jobin) y el dibujante Derib (Claude de Ribaupierre), esta serie se ha consolidado como un pilar fundamental de la *bande dessinée* franco-belga, trascendiendo generaciones y fronteras gracias a su narrativa humanista y su deslumbrante apartado visual.
La historia nos sitúa en las indómitas llanuras de América del Norte, mucho antes de la llegada de los colonos europeos. El protagonista es Yakari, un pequeño niño de la nación Sioux que, a diferencia de otros héroes de acción de su época, no destaca por su fuerza física o su destreza en el combate, sino por una cualidad extraordinaria y poética: posee el don de hablar con los animales. Este talento no es un simple recurso fantástico, sino un puente de entendimiento que permite al lector explorar el mundo natural desde una perspectiva de igualdad y respeto profundo.
El motor espiritual de la serie es la relación de Yakari con su tótem protector, Gran Águila. Este majestuoso animal no solo guía al joven protagonista en sus aventuras, sino que le otorga sus plumas como símbolo de sabiduría y valentía, enseñándole que el verdadero liderazgo nace de la empatía y no de la dominación. Bajo su tutela, Yakari aprende a escuchar los susurros del viento y los mensajes ocultos en el comportamiento de la fauna que lo rodea.
No se puede hablar de Yakari sin mencionar a su compañero inseparable: Hijo del Trueno (Petit Tonnerre). Este poni de pelaje blanco y manchas negras es mucho más que una montura; es un personaje con voz propia, orgullo y una lealtad inquebrantable. La dinámica entre ambos rompe el esquema tradicional de "dueño y mascota" para presentar una amistad entre iguales, donde el diálogo y el consenso son fundamentales para superar los desafíos que la naturaleza les impone.
A lo largo de sus numerosos álbumes, Yakari se encuentra con una fauna diversa que cobra vida gracias al talento excepcional de Derib. Desde castores laboriosos y osos imponentes hasta bisontes sabios y lobos incomprendidos, cada animal es retratado con un realismo anatómico asombroso, pero dotado de una expresividad que permite la comunicación fluida con el niño Sioux. Estas interacciones sirven para que el cómic aborde temas de una vigencia absoluta: la ecología, el equilibrio de los ecosistemas, la superación de los prejuicios y la importancia de la convivencia pacífica.
Visualmente, 'Yakari' es un festín para los sentidos. Derib, un maestro del paisaje, utiliza una línea clara evolucionada que se funde con colores vibrantes para recrear la majestuosidad de las praderas, las montañas rocosas y los ríos cristalinos. Su capacidad para dibujar caballos en movimiento es considerada una de las mejores en la historia del cómic, logrando transmitir una sensación de libertad y dinamismo que salta de las viñetas.
La genialidad de Job en los guiones reside en su capacidad para crear historias autoconclusivas que son, al mismo tiempo, fábulas morales sin caer en el didactismo pesado. Yakari es un niño curioso que comete errores, que siente miedo y que aprende de sus experiencias, lo que facilita una identificación inmediata con el público joven, mientras que el lector adulto puede apreciar la profundidad filosófica y el rigor antropológico con el que se trata la cultura nativa americana.
En resumen, 'Yakari' es una oda a la vida salvaje y un recordatorio de que el ser humano es solo una pieza más en el complejo rompecabezas de la Tierra. Es un cómic imprescindible que invita a la contemplación, al asombro y, sobre todo, a la escucha activa de un mundo que, aunque a veces parece mudo para nosotros, tiene infinitas historias que contar si tan solo supiéramos prestar atención, tal como lo hace el pequeño Sioux de las llanuras. Una obra maestra que sigue cabalgando con la misma frescura y relevancia que el día de su creación.