En el vasto panteón del cómic español, existen obras que, aunque no siempre ocupen el primer plano mediático frente a gigantes como *El Capitán Trueno* o *Mortadelo y Filemón*, poseen una calidad y una profundidad que las convierten en piezas de culto imprescindibles. 'Jan Europa' es, sin lugar a dudas, una de esas joyas. Nacida de la colaboración entre dos titanes del medio —el guionista Víctor Mora, creador del mencionado Capitán Trueno, y el dibujante Edmond (Edmond Ripoll)—, esta serie apareció por primera vez a finales de los años 70 en las páginas de la revista *Mortadelo* de la Editorial Bruguera, marcando un hito en la transición hacia un cómic de aventuras más maduro, sofisticado y visualmente deslumbrante.
La premisa de *Jan Europa* nos sumerge en una mezcla fascinante de aventura clásica, ciencia ficción y humanismo. La historia arranca en el escenario más desolador imaginable: los campos de batalla de la Primera Guerra Mundial. Allí, un joven soldado llamado Jan cae herido de muerte. Sin embargo, su destino no es el olvido en una fosa común. En un giro que bordea lo místico y lo científico, Jan es rescatado y sometido a un proceso por una organización misteriosa que no solo le devuelve la vida, sino que lo transforma en algo más que un hombre. Jan despierta con un cuerpo que no envejece, dotado de una fuerza prodigiosa y una capacidad de regeneración asombrosa. Se convierte, de facto, en un hombre fuera del tiempo, un inmortal que atraviesa las décadas observando el devenir de una humanidad que parece empeñada en destruirse a sí misma.
A diferencia de los superhéroes estadounidenses de la época, Jan Europa no es un vigilante disfrazado que busca el aplauso. Es un héroe reacio, un filósofo de la acción que recorre el globo buscando respuestas a su propia existencia mientras intenta mitigar el sufrimiento ajeno. Su nombre no es casualidad; Jan representa un ideal de Europa: una figura que busca la unión, la paz y el progreso intelectual frente a la barbarie. Acompañado por un elenco de secundarios inolvidables, como la inteligente y valiente Anna y el noble gigante Inca, Jan se enfrenta a amenazas que van desde organizaciones secretas que operan en las sombras de la Guerra Fría hasta restos de civilizaciones antiguas con tecnologías que desafían la lógica moderna.
El guion de Víctor Mora en *Jan Europa* es una muestra de su maestría para tejer tramas de aventuras con un fuerte trasfondo social y ético. Mora utiliza la inmortalidad de Jan para reflexionar sobre la condición humana, el paso del tiempo y la eterna lucha entre la luz de la razón y las sombras de la ambición. Cada arco argumental es un viaje a lo desconocido, donde el misterio y la intriga se entrelazan con una narrativa ágil que nunca pierde de vista el desarrollo de los personajes.
Pero si el guion es el alma de la obra, el dibujo de Edmond es su cuerpo glorioso. El arte de Edmond Ripoll en esta serie es, sencillamente, magistral. Con un estilo que bebe de la elegancia de la escuela europea y una capacidad asombrosa para el detalle, Edmond dota a *Jan Europa* de una atmósfera única. Sus composiciones de página son dinámicas y modernas para su tiempo, y su habilidad para retratar tanto la arquitectura de las grandes capitales europeas como los paisajes exóticos de civilizaciones perdidas es insuperable. El diseño del propio Jan, con su presencia imponente pero de mirada melancólica, logra transmitir esa dualidad de hombre poderoso y, a la vez, solitario.
*Jan Europa* es, en esencia, una oda a la aventura con mayúsculas. Es un cómic que invita al lector a recorrer el mundo, a descubrir secretos ocultos en las profundidades de la tierra o en los picos más altos, y a cuestionarse qué significa realmente ser humano en un mundo en constante cambio. No es solo una serie de acción; es un testimonio de una época en la que el cómic español buscaba expandir sus horizontes y ofrecer historias que pudieran mirar de tú a tú a las grandes producciones internacionales.
Para el lector actual, acercarse a *Jan Europa* es realizar un ejercicio de arqueología cultural de primer nivel, pero con la sorpresa de encontrar una obra que ha envejecido con una dignidad asombrosa. Es una invitación a conocer a un héroe que, lejos de las capas y los antifaces, porta la carga de la eternidad con la elegancia de quien sabe que su verdadera misión no es vencer, sino comprender y proteger. Una obra indispensable que define lo que el noveno arte puede lograr cuando el talento literario y la maestría visual se encuentran en perfecta sintonía.