Cangurete -Supl. Cómico de Pulgarcito- 3

Sumergirse en las páginas de «Cangurete – Suplemento Cómico de Pulgarcito n.º 3» es realizar un viaje directo al corazón de la edad de oro del tebeo español. Publicado por la mítica Editorial Bruguera a finales de la década de los 40, concretamente en 1949, este ejemplar no es solo una pieza de coleccionista, sino un testimonio vibrante de una época donde la imaginación servía de bálsamo ante las dificultades de la posguerra.

Como experto en el noveno arte, es fascinante analizar este número específico. *Cangurete* nació como un suplemento de formato pequeño, casi de bolsillo, que acompañaba a la revista madre, *Pulgarcito*. Su nombre, con claras reminiscencias a la movilidad y al concepto de "llevar algo pequeño encima" (como la cría de un canguro), definía perfectamente su propósito: ofrecer píldoras de humor rápido, dinámico y visualmente rompedor para los estándares de la época.

En este tercer número, nos encontramos con la consolidación de lo que más tarde se conocería como la «Escuela Bruguera». La sinopsis de este ejemplar no puede centrarse en una sola trama lineal, ya que se trata de una antología de historietas cortas y gags visuales, pero su hilo conductor es la sátira costumbrista y el slapstick más refinado. El número 3 destaca por presentar una selección de los autores que definieron el estilo de la casa: figuras de la talla de Peñarroya, Cifré, Escobar y Conti.

La portada, habitualmente a cargo de Peñarroya, ya nos anticipa el tono del suplemento. En estas páginas, el lector se encuentra con situaciones que, aunque exageradas hasta el absurdo, reflejaban las frustraciones y anhelos de la sociedad española de mediados de siglo. Los personajes que pueblan este número 3 son arquetipos de la lucha diaria: el oficinista atribulado, el pícaro que intenta conseguir una cena gratis, el vecino envidioso o el eterno aspirante a una vida mejor que acaba siempre golpeado por la realidad (o por un yunque que cae del cielo).

Lo que hace especial a este ejemplar de *Cangurete* es la evolución del trazo. En 1949, los autores estaban abandonando la rigidez de los años anteriores para adoptar una línea más cinética y expresiva. Los personajes de este número poseen una elasticidad asombrosa; sus ojos se salen de las órbitas, sus extremidades se anudan y sus expresiones de asombro o ira ocupan media viñeta, logrando una narrativa visual que no necesitaba de grandes textos para provocar la carcajada. Es humor visual en su estado más puro.

A nivel de contenido, el número 3 se aleja de las aventuras continuadas para centrarse en la efectividad del gag de una sola página o incluso de media página. El lector encontrará pequeñas joyas de la cotidianidad distorsionada. Desde los enredos domésticos que parecen sacados de una comedia de enredo, hasta las peripecias de personajes que, aunque hoy nos parezcan lejanos, sentaron las bases de iconos posteriores como *Zipi y Zape* o *Don Pío*. Hay una frescura casi experimental en estas páginas; se nota que los autores estaban probando los límites de la censura y del propio lenguaje del cómic, utilizando metáforas visuales (estrellitas, nubarrones, rayos) que hoy son universales pero que entonces estaban terminando de fraguarse en el imaginario popular.

Otro aspecto a destacar para el estudioso del cómic es el uso del color y la maquetación. A pesar de las limitaciones técnicas de la época, el número 3 de *Cangurete* hace un uso inteligente de las bitonos y las cuatricromías rudimentarias, logrando que cada viñeta respire a pesar del reducido tamaño del suplemento. Es un ejercicio de síntesis artística: contar mucho con muy poco espacio.

En resumen, «Cangurete – Suplemento Cómico de Pulgarcito n.º 3» es una cápsula del tiempo. No solo ofrece una lectura divertida y ligera, sino que permite observar el nacimiento de una industria cultural que marcaría a varias generaciones. Es la representación de un humor que nace de la observación aguda de la realidad, pasado por el tamiz de la caricatura más salvaje y amable a la vez. Para cualquier amante del cómic clásico, este número representa un eslabón perdido entre el humor

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