*Zona 84* no es simplemente una publicación periódica; es el pilar fundamental sobre el que se asentó la madurez del cómic de ciencia ficción y fantasía en España durante la década de los ochenta. Editada por Toutain Editor y aparecida por primera vez en 1984, esta revista surgió como la sucesora natural y evolución técnica de la mítica cabecera *1984*. Su nacimiento marcó un punto de inflexión en el mercado editorial europeo, consolidando el concepto de "cómic para adultos" a través de una cuidada selección de autores internacionales y una calidad de impresión que, para la época, resultaba revolucionaria.
La estructura de *Zona 84* se basaba en el formato de antología. En sus páginas no se encontraba una única narrativa, sino un ecosistema de historias cortas y series por entregas que exploraban los límites de la imaginación humana. El contenido se alejaba radicalmente de la narrativa juvenil o superheroica convencional, apostando por una amalgama de ciencia ficción dura, distopías cyberpunk, fantasía épica con tintes eróticos y relatos de horror metafísico. La revista funcionó como un puente cultural, importando lo mejor de la revista francesa *Métal Hurlant* y la estadounidense *Heavy Metal*, pero manteniendo una identidad propia profundamente arraigada en el talento nacional.
Desde el punto de vista artístico, *Zona 84* fue el escaparate de una generación de autores que hoy son considerados maestros indiscutibles del noveno arte. En sus páginas, el lector podía encontrar el hiperrealismo pictórico de Juan Giménez, cuyas naves espaciales y maquinaria bélica definieron la estética de la ciencia ficción tecnológica. También fue el hogar de las formas anatómicas imposibles y el uso magistral del color de Richard Corben, especialmente con su obra *Den*, que transportaba al lector a mundos de una carnalidad y extrañeza sin precedentes. No se puede entender la revista sin mencionar a Horacio Altuna, quien aportó una visión sociopolítica y un erotismo elegante a través de obras como *Ficcionario*, o a Alfonso Azpiri, cuya capacidad para crear mundos vibrantes y personajes icónicos como *Lororna* dejó una huella imborrable en la iconografía del medio.
Narrativamente, la revista se caracterizaba por una libertad creativa absoluta. Los guiones solían abordar temas complejos: la deshumanización tecnológica, el colapso ecológico, la exploración de la sexualidad sin tabúes y la crítica a los sistemas totalitarios. No era extraño encontrar relatos autoconclusivos que funcionaban como bofetadas existencialistas, junto a epopeyas espaciales que se extendían durante meses, manteniendo al lector en un estado de fascinación constante por la capacidad de los autores para reinventar el futuro.
El diseño de la revista también merece una mención técnica. Bajo la dirección de Josep Toutain, *Zona 84* se distinguió por sus portadas impactantes, muchas de ellas auténticas obras de arte al óleo o aerógrafo que invitaban a la colección. El papel de alta calidad permitía que el color, un elemento que empezaba a ganar terreno frente al blanco y negro predominante en décadas anteriores, luciera con una intensidad que realzaba el trabajo de los coloristas y la profundidad de los escenarios representados.
A lo largo de sus casi cien números, *Zona 84* no solo entretuvo, sino que educó visualmente a una generación. Fue el refugio de la vanguardia y el experimento, donde la narrativa gráfica se despojó de sus complejos infantiles para reclamar su lugar como literatura visual de primer orden. Su desaparición a principios de los noventa, coincidiendo con la crisis generalizada de las revistas de antología en España, marcó el fin de una era, pero su legado sobrevive en cada obra contemporánea que utiliza la ciencia ficción como espejo de las ansiedades humanas. Leer *Zona 84* hoy sigue siendo una experiencia inmersiva en un futuro que, aunque imaginado hace décadas, conserva una fuerza estética y una relevancia temática sobrecogedoras.