Zombies! Feast: Una oda visceral a la supervivencia competitiva
Dentro del vasto y a menudo saturado subgénero de los muertos vivientes en el noveno arte, *Zombies! Feast* destaca no solo por su crudeza visual, sino por su pedigrí narrativo. Publicado por IDW Publishing, este cómic no nace del vacío, sino que es la traslación directa al lenguaje de las viñetas del icónico juego de mesa *Zombies!!!* de Twilight Creations. Bajo el guion de Shane McCarthy y el arte distintivo de Chris Bolton, la obra logra capturar la esencia frenética, desesperanzadora y, en ocasiones, cínica de su material de origen, alejándose de las reflexiones existencialistas de otras obras del género para centrarse en la urgencia pura de la huida.
La premisa de *Zombies! Feast* nos sitúa en el epicentro de un apocalipsis ya consolidado. No hay prólogos lentos ni explicaciones científicas sobre el origen del brote; la historia lanza al lector directamente a una ciudad que se ha transformado en una trampa mortal de hormigón y asfalto. El núcleo de la trama sigue a un grupo dispar de supervivientes que, atrapados en un entorno urbano infestado, reciben una única señal de esperanza: un helicóptero de rescate espera en un helipuerto remoto. Sin embargo, la salvación no es para todos. La narrativa establece rápidamente que, en este escenario, el espacio en el transporte es limitado, lo que transforma la lucha por la supervivencia en una carrera despiadada donde el prójimo es un obstáculo tan peligroso como el propio no muerto.
El guion de McCarthy destaca por su ritmo cinematográfico. La estructura de la historia emula la progresión de una partida del juego de mesa: los personajes deben avanzar a través de calles bloqueadas, edificios claustrofóbicos y hordas incesantes, gestionando recursos escasos y tomando decisiones morales cuestionables en fracciones de segundo. Lo que eleva a *Zombies! Feast* por encima de un simple producto derivado es cómo maneja la tensión interpersonal. Los protagonistas no son héroes altruistas; son individuos movidos por el instinto primario de conservación. Esta dinámica crea una atmósfera de paranoia constante, donde las alianzas son temporales y la traición es una herramienta de supervivencia más, reflejando fielmente la mecánica competitiva del juego original.
Visualmente, el trabajo de Chris Bolton es fundamental para establecer la identidad del cómic. Su estilo huye de la limpieza estética para abrazar una suciedad necesaria. El diseño de los zombis es variado y grotesco, alejándose de la masa uniforme para presentar cadáveres que aún conservan jirones de su identidad previa, lo que aumenta el impacto visceral de las escenas de acción. El uso de las sombras y una paleta de colores que enfatiza la decadencia urbana refuerzan la sensación de asfixia. Bolton logra que la ciudad se sienta como un personaje más: un laberinto cambiante donde cada esquina puede esconder el final del camino. Las secuencias de combate están coreografiadas con una violencia explícita que no busca el espectáculo gratuito, sino subrayar la brutalidad del entorno.
Otro aspecto relevante es la gestión del silencio y el caos. El cómic alterna con maestría momentos de calma tensa, donde el sonido de unos pasos puede significar la muerte, con explosiones de violencia frenética. Esta alternancia mantiene al lector en un estado de alerta permanente. A diferencia de otras sagas que se centran en la reconstrucción de la sociedad, *Zombies! Feast* se enfoca en el "aquí y ahora". Es un relato sobre el movimiento perpetuo; detenerse es morir.
En conclusión, *Zombies! Feast* es una pieza imprescindible para los entusiastas del género que buscan una experiencia directa y sin concesiones. Es un ejercicio de narrativa de supervivencia que respeta sus raíces lúdicas mientras construye una identidad propia a través de un arte perturbador y un guion que no da tregua. Sin necesidad de recurrir a giros melodramáticos innecesarios, el cómic se sostiene sobre una verdad universal del horror: en el fin del mundo, el mayor enemigo del hombre no es el monstruo que gime en la oscuridad, sino el hombre que corre a su lado y compite por el último asiento hacia la libertad. Es, en esencia, un festín de adrenalina, sangre y desesperación urbana.