Zhar, la obra magna de Ricardo Machuca, representa uno de los hitos más singulares y visualmente potentes del cómic de ciencia ficción español de finales de los años 90. Publicada originalmente por Ediciones Glénat, esta obra se aleja de los convencionalismos del género para proponer una experiencia estética y narrativa que bebe directamente de la tradición de la *bande dessinée* europea, con influencias claras de maestros como Moebius o Enki Bilal, pero manteniendo una identidad propia, cruda y profundamente detallista.
La trama nos sitúa en el planeta que da nombre a la obra: Zhar. Este no es simplemente un escenario, sino un ecosistema hostil y omnipresente que dicta las reglas de supervivencia de sus habitantes. Zhar es un mundo desértico, una vasta extensión de arena y roca donde la tecnología de punta coexiste con la decadencia más absoluta. La narrativa se articula en torno a la figura de su protagonista homónimo, un personaje de pocas palabras, cuya fisonomía y equipo sugieren un pasado complejo y una adaptación perfecta a un entorno donde el agua y los recursos básicos son el motor de un conflicto perpetuo.
El núcleo argumental de *Zhar* explora la dicotomía entre el progreso tecnológico desmedido y la regresión social. El planeta está dominado por estructuras corporativas y facciones militares que ejercen un control férreo sobre los escasos oasis de habitabilidad. En este contexto, el protagonista se ve envuelto en una red de intrigas que trascienden la mera supervivencia individual. La historia evita los tropos del héroe convencional; Zhar es más bien un catalizador, un observador activo que navega por un mundo fragmentado donde la moralidad es un lujo que pocos pueden permitirse.
Uno de los pilares fundamentales del cómic es su construcción de mundo (world-building). Machuca no utiliza largos textos de exposición para explicar el funcionamiento de la sociedad de Zhar; en su lugar, confía en la narrativa visual. A través de los diseños de maquinaria, la arquitectura de las ciudades-colmena y la vestimenta de las distintas tribus y castas, el lector comprende la jerarquía y la historia del planeta. Hay una sensación de "futuro usado" o tecnología reciclada que otorga a la obra una verosimilitud táctil: las naves chirrían, las armaduras están abolladas y el polvo parece filtrarse entre las viñetas.
Desde el punto de vista artístico, *Zhar* es un despliegue de virtuosismo técnico. El dibujo de Ricardo Machuca destaca por un nivel de detalle obsesivo. El uso de la línea es preciso, definiendo texturas orgánicas y mecánicas con la misma maestría. La paleta de colores es fundamental para transmitir la atmósfera opresiva del planeta: predominan los tonos ocres, sepias y terrosos, interrumpidos ocasionalmente por azules gélidos o luces de neón que subrayan la presencia de la alta tecnología en medio del desierto. La composición de las páginas es dinámica, alternando grandes panorámicas que muestran la escala desoladora del paisaje con planos cerrados que enfatizan la tensión psicológica de los personajes.
Temáticamente, la obra aborda cuestiones como la alienación, el impacto ecológico de la industrialización y la búsqueda de identidad en un sistema que despoja al individuo de su humanidad. El cómic se siente como una elegía a un mundo que agoniza, pero que se niega a morir, manteniendo una energía cinética constante a través de sus secuencias de acción, las cuales están coreografiadas con una claridad narrativa excepcional.
En resumen, *Zhar* es una pieza imprescindible para entender la evolución del cómic de autor en España. Es una obra que exige una lectura atenta, no solo para seguir los hilos de su trama de intriga política y supervivencia, sino para absorber la riqueza de un universo visualmente abrumador. Sin recurrir a concesiones comerciales, Machuca logra crear una odisea de ciencia ficción adulta, seria y estéticamente impecable que permanece como un referente de la capacidad del medio para construir mundos complejos y evocadores.