La colección "Yo, Semanario Infantil", publicada por la mítica Editorial Bruguera entre 1967 y 1968, constituye una pieza de coleccionista fundamental para entender la evolución del tebeo español durante la segunda mitad del siglo XX. Esta serie, compuesta por 41 números ordinarios y un número extraordinario, representa un intento ambicioso por parte de la editorial barcelonesa de modernizar su catálogo y ofrecer un producto que, sin abandonar el humor característico de la casa, se abriera a nuevas estéticas y contenidos más variados.
Desde su primer número, "Yo" se desmarcó de cabeceras más tradicionales como *Pulgarcito* o *Tío Vivo* mediante una presentación gráfica más cuidada y una estructura de contenidos que buscaba un equilibrio entre la historieta de humor, el relato de aventuras y las secciones de carácter divulgativo o recreativo. El semanario nació en un momento de expansión para Bruguera, en el que la editorial buscaba saturar el quiosco con propuestas que atrajeran a diferentes segmentos del público infantil y juvenil, utilizando para ello un formato de revista de variedades que ya estaba triunfando en otros mercados europeos, especialmente el franco-belga.
En el apartado artístico, la colección es un escaparate del talento de la denominada "Escuela Bruguera". A lo largo de sus 41 entregas, el lector encuentra trabajos de figuras consagradas como Francisco Ibáñez, quien aportó páginas de sus personajes más icónicos, adaptándolos al ritmo ágil de la revista. También destaca la presencia de Raf (Joan Rafart), cuyo estilo dinámico y moderno encajaba a la perfección con la filosofía de la publicación, y de otros maestros como Segura, Figueras o Vázquez. Estos autores no solo mantuvieron sus series habituales, sino que en muchos casos experimentaron con nuevos personajes o formatos de página que aprovechaban mejor el uso del color y la composición.
Uno de los elementos distintivos de "Yo, Semanario Infantil" fue la inclusión de series de aventuras de corte realista, muchas de ellas procedentes de agencias internacionales o de colaboraciones con autores que cultivaban un estilo alejado de la caricatura pura. Este contraste permitía que la revista no fuera percibida únicamente como un medio cómico, sino como una publicación integral de entretenimiento. Las secciones de curiosidades, manualidades y textos didácticos reforzaban esta identidad, intentando elevar el tono educativo del tebeo sin perder la frescura necesaria para captar la atención del niño de la época.
El número Extra, que complementa la serie regular, sigue la tradición de los almanaques o números especiales de vacaciones de Bruguera. En él se recopilan historietas de mayor extensión y se incluyen contenidos temáticos que servían como refuerzo a la marca en periodos de mayor consumo. Este ejemplar es particularmente valorado por los estudiosos del medio, ya que suele presentar una mayor densidad de páginas y una selección de lo mejor de la plantilla de colaboradores de la revista.
A pesar de su indudable calidad técnica y artística, la vida de "Yo" fue relativamente breve. Tras alcanzar el número 41, la cabecera desapareció del mercado, siendo absorbida o sustituida por otras estrategias editoriales de Bruguera, que en aquellos años reestructuraba constantemente su oferta para adaptarse a los cambios en los gustos del público y a la competencia. Sin embargo, esa brevedad es precisamente lo que otorga a la colección completa un valor especial: es un testimonio cerrado y coherente de un experimento editorial que buscó la excelencia gráfica dentro de la industria del entretenimiento popular.
En resumen, el conjunto de los 41 números más el extra de "Yo, Semanario Infantil" ofrece una visión panorámica de la madurez del tebeo de humor español. Es una obra que captura la transición hacia un lenguaje visual más sofisticado, manteniendo la esencia de la sátira de costumbres y el dinamismo narrativo que convirtieron a Bruguera en un gigante editorial. Para el analista de cómics, esta colección es un documento imprescindible para estudiar el diseño