Yo, François Villon, la adaptación al cómic de la novela homónima de Jean Teulé realizada por el autor italiano Luigi Critone, es una de las obras más potentes y visualmente arrebatadoras del cómic europeo contemporáneo. Publicada originalmente en tres álbumes y recopilada posteriormente en un volumen integral, esta obra no se limita a ser una biografía ilustrada del poeta más famoso de la Francia medieval, sino que se convierte en una inmersión visceral, sucia y poética en el París del siglo XV.
La narrativa nos sitúa en un periodo convulso, marcado por el final de la Guerra de los Cien Años y las secuelas de la peste. En este escenario, conocemos a François de Montcorbier, un niño nacido en la miseria más absoluta que es adoptado por el canónigo Guillaume de Villon. Gracias a esta protección, el joven François accede a una educación privilegiada en la Universidad de la Sorbona. Sin embargo, el cómic articula con precisión la gran contradicción que definió su vida: a pesar de su intelecto brillante y su capacidad para la lírica, François se siente irremediablemente atraído por el fango, las tabernas, el vino y la compañía de los marginados.
El guion de Critone, siguiendo la estela de Teulé, huye de cualquier intento de idealización romántica. Villon es retratado como un antihéroe en el sentido más estricto de la palabra. Es un hombre impulsivo, a menudo mezquino, ladrón y, en ocasiones, asesino. La obra sigue su descenso a los infiernos tras un altercado fatal que lo obliga a huir de París, marcando el inicio de una vida errante marcada por la delincuencia y la persecución constante de la justicia. A través de sus páginas, vemos su integración en la peligrosa banda de los Coquillards y sus constantes entradas y salidas de las prisiones más inmundas de Francia.
Uno de los mayores aciertos de la obra es el tratamiento del entorno. El París de Critone es un personaje en sí mismo: una ciudad laberíntica, oscura y peligrosa, donde la belleza de las catedrales contrasta con la podredumbre de los callejones. El autor logra transmitir el frío, el hambre y la desesperación de una época donde la vida valía muy poco. En este contexto