Yo Acuso ¿O No

Dentro del vasto ecosistema de la historieta española, y más concretamente en el seno de la mítica Editorial Bruguera, la figura de Manuel Vázquez destaca como un genio del humor absurdo y la narrativa dinámica. Su creación más célebre, Anacleto, Agente Secreto, alcanzó uno de sus puntos álgidos con la aventura titulada "Yo acuso… ¿o no?". Publicada originalmente de forma serializada y posteriormente recopilada en álbumes como la Colección Olé, esta obra representa la madurez del personaje y el dominio absoluto de Vázquez sobre el lenguaje del tebeo.

La trama de "Yo acuso… ¿o no?" se aleja de las misiones rutinarias de entrega de mensajes o persecución de malhechores de poca monta para sumergir al protagonista en una crisis de identidad y lealtad institucional. La historia arranca con una premisa que rinde homenaje, desde la parodia, al famoso "J'accuse" de Émile Zola. En esta ocasión, Anacleto se ve envuelto en una compleja red de acusaciones que ponen en entredicho su integridad como agente operativo de la organización. El motor de la narrativa es la sospecha: ¿es Anacleto un traidor, un chivo expiatorio o simplemente la víctima de una serie de catastróficas desdichas burocráticas?

El guion se estructura como una carrera de obstáculos donde el humor no proviene solo del "slapstick" o la violencia física caricaturesca, sino de la ironía mordaz hacia las estructuras de poder. El Jefe, personaje fundamental en la mitología de la serie, adquiere aquí un rol dual: es tanto el perseguidor como el único vínculo de Anacleto con la realidad de su profesión. La interacción entre ambos destila ese pesimismo vital tan propio de Vázquez, donde el trabajo es una carga y la eficiencia una quimera.

Visualmente, "Yo acuso… ¿o no?" muestra a un Vázquez en estado de gracia. A diferencia de otros autores de la casa que recargaban las viñetas con detalles minuciosos, Vázquez apuesta por una línea económica, fluida y extremadamente expresiva. Su capacidad para sintetizar el movimiento y la frustración en el rostro de Anacleto es magistral. Los fondos, aunque a menudo minimalistas, cumplen la función de situar la acción en una España que, bajo el disfraz de los castillos de los villanos o los desiertos remotos, respira el aire de las oficinas grises de la época.

Un aspecto técnico a destacar es el ritmo narrativo. Vázquez maneja los tiempos de la comedia con precisión de relojero. La transición entre las escenas de acción —donde Anacleto demuestra una agilidad casi sobrehumana a pesar de su desgana— y los diálogos cargados de dobles sentidos, mantiene al lector en un estado de atención constante. La obra no se limita a encadenar gags, sino que construye una atmósfera de suspense cómico que se sostiene hasta la resolución final.

El cómic también explora la soledad del agente secreto. Anacleto, con su eterno cigarrillo (en las versiones originales) y su atuendo impecable que siempre termina hecho jirones, es el antihéroe por excelencia. En "Yo acuso… ¿o no?", esta soledad se acentúa al verse cuestionado por

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