Yiu

*Yiu* es una de las obras más ambiciosas y visualmente impactantes del cómic europeo (BD) de finales de los años 90 y principios de los 2000. Creada por los guionistas Téhy y J.M. Vee, y con el arte detallista de Jérôme Renéaume y Nicolas Guénet, esta serie se inscribe en una vertiente extrema del cyberpunk, fusionada con un misticismo religioso oscuro y una estética barroca. La obra no solo destaca por su violencia explícita, sino por la construcción de un universo asfixiante donde la tecnología y la fe han colapsado en una simbiosis destructiva.

La historia se desarrolla en un futuro lejano y decadente, centrándose en la figura de Yiu, una mercenaria de élite cuya reputación la precede como la asesina más letal y eficiente del mundo conocido. El escenario principal es Ji-City, una megalópolis hipertrofiada, una ciudad-estado que se extiende vertical y horizontalmente de forma infinita, donde la superpoblación ha convertido la vida humana en un recurso desechable. En este entorno, la religión no es un consuelo, sino una fuerza política y militar absoluta. Las diversas facciones religiosas luchan por el control de las almas y los recursos, mientras la humanidad espera, entre el terror y el fanatismo, la llegada de un apocalipsis profetizado.

Yiu no es una heroína en el sentido tradicional. Es un personaje frío, pragmático y de una capacidad física sobrehumana, forjada en un entorno donde la debilidad equivale a la muerte. Sin embargo, su motor narrativo es profundamente humano y desesperado: la salvación de su hermano pequeño, quien sufre una enfermedad terminal o un estado de coma que requiere cuidados médicos extremadamente costosos y tecnología de soporte vital que solo las altas esferas pueden proporcionar. Este vínculo emocional es lo único que la mantiene conectada a una humanidad que parece haber olvidado. Para costear el tratamiento, Yiu acepta misiones que cualquier otro mercenario consideraría suicidas, convirtiéndose en la herramienta de los poderes fácticos para ejecutar tareas de limpieza, sabotaje o asesinato en los rincones más peligrosos de Ji-City.

El conflicto central de la serie se dispara cuando Yiu es contratada por las autoridades religiosas para una misión de una escala sin precedentes. Se le encomienda detener el nacimiento o la manifestación de una entidad mesiánica —o demoníaca, según la perspectiva— que podría desencadenar el fin de los tiempos. A partir de este punto, la trama se convierte en una carrera contrarreloj frenética. La narrativa se estructura a través de una progresión de niveles de peligro ascendentes, donde Yiu debe enfrentarse a ejércitos de fanáticos, mutantes, inteligencias artificiales y horrores biomecánicos.

Visualmente, *Yiu* es una obra de una densidad abrumadora. El diseño de producción de la serie apuesta por una arquitectura gótica-industrial donde cada viñeta está saturada de detalles: cables, tuberías, iconografía religiosa deformada y maquinaria oxidada. El uso del color y la composición enfatizan la escala inhumana de la ciudad frente a la figura solitaria de la protagonista. La violencia es coreográfica pero cruda, reflejando un mundo donde el cuerpo humano es constantemente modificado, vulnerado o sacrificado.

La serie explora temas como el nihilismo, la corrupción de las instituciones espirituales y la deshumanización producida por el avance tecnológico descontrolado. No hay espacio para la esperanza en el universo de *Yiu*; solo existe el deber, la supervivencia y la búsqueda de un alivio momentáneo para el sufrimiento personal en medio de un caos cósmico. La obra se divide en varios ciclos, incluyendo precuelas como *Yiu: Primeras Misiones*, que profundizan en el pasado de la protagonista, pero el núcleo de la saga principal permanece como un testamento de la ciencia ficción distópica más radical del cómic francés, ofreciendo una experiencia de lectura intensa, visualmente agotadora y temáticamente implacable.

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