Yeti vs Vampiro

Yeti vs Vampiro, la obra creada por el autor chileno Rodrigo «Vicho» Plaza, se erige como una de las piezas más crudas y visualmente impactantes del cómic independiente latinoamericano contemporáneo. Lejos de los convencionalismos del género de superhéroes o de las narrativas densas en diálogos, este cómic apuesta por una narrativa visceral que explora el choque brutal entre dos de los mitos más arraigados del folclore universal, trasladándolos a un escenario donde la supervivencia es la única ley válida.

La premisa de la obra es tan directa como su título sugiere, pero su ejecución trasciende la simple anécdota de un enfrentamiento físico. La historia nos sitúa en las gélidas e implacables cumbres de la cordillera del Himalaya, un entorno que no funciona solo como telón de fondo, sino como un personaje hostil que dicta el ritmo de la acción. Hasta este «techo del mundo» llega un vampiro, una criatura de la noche que personifica la sofisticación del mal, la inmortalidad aristocrática y la depredación calculada. Sin embargo, en este territorio sagrado y olvidado por el hombre, el vampiro deja de ser el depredador alfa para convertirse en un intruso.

El antagonista —o coprotagonista, dependiendo de la perspectiva del lector— es el Yeti. En la visión de Vicho Plaza, el Abominable Hombre de las Nieves no es una bestia mítica esquiva, sino una fuerza de la naturaleza encarnada. Es el guardián territorial, un ser de fuerza bruta y resistencia sobrehumana que representa la pureza del instinto frente a la corrupción sobrenatural del no-muerto. El conflicto estalla cuando estos dos arquetipos colisionan en un duelo que es, en esencia, un choque de mitologías: el horror gótico europeo frente al misterio ancestral de las cumbres asiáticas.

Desde el punto de vista técnico y artístico, *Yeti vs Vampiro* destaca por su uso magistral del blanco y negro. El autor utiliza el alto contraste para enfatizar la desolación del paisaje nevado y la oscuridad inherente a sus protagonistas. El dibujo de Plaza es detallado y rugoso; se aleja de la limpieza de la línea clara para abrazar una estética más orgánica y sucia, ideal para retratar la violencia de los encuentros. Las texturas del pelaje del Yeti, la frialdad de la piel del vampiro y la crudeza de la sangre sobre la nieve están representadas con una intensidad que suple con creces la ausencia de color.

Uno de los aspectos más notables del cómic es su economía narrativa. La obra confía plenamente en la narrativa visual. Las secuencias de combate están coreografiadas con una claridad cinematográfica que permite al lector sentir el peso de cada golpe y la desesperación de cada movimiento. No hay necesidad de extensos monólogos explicativos; la historia se cuenta a través de las miradas, la tensión muscular y el entorno que se desmorona bajo la furia de los combatientes. Esta apuesta por el «show, don't tell» (mostrar, no decir) convierte a la lectura en una experiencia inmersiva y frenética.

El guion maneja con inteligencia el ritmo, alternando momentos de calma tensa y acecho con explosiones de acción gráfica. A medida que avanzan las páginas, el lector descubre que el enfrentamiento no es gratuito. Existe una exploración subyacente sobre la soledad de los monstruos y lo que sucede cuando un ser que se cree superior se encuentra con una fuerza que no puede comprender ni dominar fácilmente. El vampiro, acostumbrado a la debilidad humana, se ve forzado a recurrir a sus instintos más básicos para sobrevivir, mientras que el Yeti defiende su hogar con una ferocidad que raya en lo sagrado.

En conclusión, *Yeti vs Vampiro* es un ejercicio de estilo y potencia narrativa. Es un cómic que respeta la inteligencia del lector y rinde homenaje a las historias de monstruos clásicas, despojándolas de adornos innecesarios para centrarse en la esencia del conflicto. Rodrigo Plaza logra entregar una obra autoconclusiva que se siente épica a pesar de su escala íntima, consolidándose como una lectura imprescindible para quienes buscan en el noveno arte una experiencia directa, oscura y magistralmente ilustrada. Es, en definitiva, un duelo de titanes donde la nieve se tiñe de rojo y solo el más apto prevalece.

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