Publicado originalmente en las páginas de la mítica revista *Nippur Magnum* de Editorial Columba a mediados de la década de los 90, "XX" representa una de las propuestas más audaces y estilísticamente modernas de la etapa final de la editorial argentina. Con guion de Armando Fernández y dibujos de Sergio Ibáñez, esta obra se aleja de las tradicionales epopeyas históricas o los relatos de capa y espada para sumergirse de lleno en una narrativa de ciencia ficción distópica con fuertes tintes de *cyberpunk* y suspenso psicológico.
La trama nos sitúa en un futuro cercano, un mundo marcado por la decadencia urbana, el control tecnológico y la deshumanización. El protagonista, cuya identidad está reducida a la fría designación de "XX", se presenta como un enigma andante. No es solo un hombre sin nombre, sino un individuo despojado de su pasado, que despierta en un entorno hostil donde las corporaciones y los experimentos científicos parecen haber borrado los límites de la ética. La premisa se construye sobre la búsqueda de la identidad en un sistema que prefiere que sus sujetos sean meras herramientas intercambiables.
Armando Fernández, un veterano de la historieta argentina capaz de saltar entre géneros con una maestría envidiable, despliega aquí un guion seco y directo. La narrativa de Fernández en "XX" evita las explicaciones excesivas, optando por una atmósfera de paranoia constante. El lector acompaña al protagonista en un laberinto de persecuciones y descubrimientos fragmentados. La tensión no proviene solo de la acción física, sino de la incertidumbre existencial: ¿quién es XX?, ¿es un hombre, una máquina, o un híbrido diseñado para un propósito oscuro? La historia explora temas como la manipulación de la memoria y el peso de la conciencia en un mundo que ha decidido ignorarla.
El apartado visual, a cargo de Sergio Ibáñez, es fundamental para cimentar la identidad de la obra. Ibáñez, quien más tarde se consolidaría como uno de los grandes nombres del dibujo en Argentina, muestra en "XX" una madurez técnica notable. Su estilo se aleja del clasicismo de la "escuela Columba" tradicional para abrazar una estética mucho más sucia, detallada y expresionista. El uso de las sombras es magistral, creando ambientes opresivos donde la luz parece siempre artificial y escasa. Los diseños de los entornos urbanos evocan una sensación de claustrofobia, con cables expuestos, maquinaria pesada y una arquitectura que parece devorar a los personajes. La anatomía de los personajes y la expresividad de los rostros refuerzan la carga dramática de un guion que exige una interpretación visual intensa.
Lo que hace que "XX" destaque en el catálogo de 1995 de Columba es su capacidad para sintonizar con la sensibilidad de los años 90. Es una obra que dialoga con el cine de acción de la época y con la literatura de anticipación, pero manteniendo una esencia propia de la historieta rioplatense. La colaboración entre Fernández e Ibáñez logra un equilibrio perfecto entre el ritmo cinematográfico de las secuencias de acción y los momentos de introspección silenciosa.
En resumen, "XX" es un ejercicio de género impecable que demuestra la capacidad de renovación de sus autores. Es un relato sobre la resistencia del individuo frente a un sistema que intenta convertirlo en una cifra. Para el lector interesado en la evolución de la narrativa gráfica argentina, este cómic es una pieza clave que captura el espíritu de una época de transición, ofreciendo una historia autoconclusiva potente, visualmente impactante y temáticamente relevante, que se mantiene vigente gracias a su cruda visión del futuro y su enfoque en la eterna lucha por la libertad personal.