World War X, escrita por el guionista belga Jerry Frissen e ilustrada por el artista danés Peter Snejbjerg, es una obra que se sitúa en la intersección del horror cósmico, la ciencia ficción apocalíptica y el género de supervivencia. Publicada originalmente por Les Humanoïdes Associés y posteriormente por Titan Comics, esta historia propone una premisa tan aterradora como fascinante: ¿qué ocurriría si la humanidad descubriera que no es la dueña legítima de la Tierra, sino simplemente un inquilino temporal que ha estado viviendo sobre los verdaderos y antiguos propietarios del planeta?
La narrativa arranca en el año 2017, un futuro cercano al momento de su publicación original, donde una serie de eventos catastróficos comienzan a sacudir los cimientos de la civilización. Todo empieza con un descubrimiento en la Luna que desencadena una reacción en cadena en la Tierra. Sin embargo, a diferencia de otras obras de invasiones alienígenas, la amenaza en World War X no proviene de las estrellas, sino de las profundidades de nuestro propio suelo. El cómic nos presenta el despertar de entidades colosales y monstruosas que han permanecido en un estado de estasis durante millones de años. Estas criaturas, referidas a menudo como los "X", no son simples animales gigantes; son fuerzas de la naturaleza con una agenda propia que escapa a la comprensión humana.
El guion de Frissen evita los tropos heroicos tradicionales. Aquí no hay un grupo de elegidos destinados a salvar el mundo con un plan ingenioso de último minuto. En su lugar, la humanidad es retratada como una especie insignificante, atrapada en medio de una guerra titánica entre estas entidades ancestrales que han decidido reclamar su territorio. La "Guerra Mundial X" del título no se refiere únicamente a la lucha de los humanos por sobrevivir, sino al conflicto global entre estas facciones de monstruos que ven a las ciudades modernas como simples hormigueros que estorban en su campo de batalla.
Desde el punto de vista visual, el trabajo de Peter Snejbjerg es fundamental para establecer la atmósfera de desesperanza y escala épica que requiere la obra. Snejbjerg, conocido por su trabajo en títulos como *B.P.R.D.* y *Starman*, utiliza un estilo limpio pero cargado de sombras, capaz de capturar tanto la escala masiva de las criaturas como el terror íntimo en los rostros de los supervivientes. Su diseño de los "X" huye de los clichés de los kaijus japoneses, optando por formas más orgánicas, inquietantes y, en ocasiones, casi abstractas, lo que refuerza la sensación de que estamos ante algo verdaderamente alienígena a nuestra biología y cultura.
La estructura de la historia se divide en varios frentes, siguiendo a diferentes grupos de personajes que intentan dar sentido al caos. Por un lado, tenemos a científicos y militares que buscan desesperadamente una debilidad en seres que parecen ignorar por completo el armamento convencional. Por otro, seguimos a individuos comunes cuya única prioridad es encontrar un refugio que no existe. Esta multiplicidad de perspectivas permite al lector comprender la magnitud del desastre: no es una invasión localizada, es un evento de extinción masiva que ocurre simultáneamente en todos los rincones del globo.
Uno de los puntos más fuertes de World War X es su tono nihilista. Frissen no suaviza el impacto de la violencia ni las consecuencias del despertar de estas entidades. La obra explora temas como la fragilidad de la sociedad moderna, la arrogancia tecnológica del ser humano y la idea de que el progreso es solo una ilusión que puede ser borrada en cuestión de días. La narrativa avanza con un ritmo implacable, donde cada pequeño éxito de los protagonistas se siente minúsculo frente a la inmensidad del horror que se despliega ante ellos.
En resumen, World War X es un cómic que destaca por su capacidad para mezclar el espectáculo visual de la destrucción a gran escala con una narrativa sombría y madura. Es una lectura esencial para los aficionados al horror lovecraftiano que buscan una actualización moderna del mito de los "Antiguos", alejada de los tentáculos clásicos y centrada en una visión más visceral y apocalíptica de nuestro lugar en el cosmos. La obra funciona como un recordatorio gráfico de que, en el vasto calendario de la Tierra, la humanidad es apenas un parpadeo, y que lo que duerme bajo nuestros