*World Reader*, publicada por la editorial AfterShock Comics, es una obra que se sitúa en la intersección de la ciencia ficción especulativa, el horror cósmico y el drama existencial. Escrita por Jeff Loveness e ilustrada por Juan Doe, esta serie limitada propone una visión del espacio exterior que se aleja de la maravilla del descubrimiento para adentrarse en la melancolía de la extinción. La premisa es tan fascinante como desoladora: el universo se está muriendo y nadie sabe por qué.
La historia sigue a Sarah, una astronauta que posee una habilidad tan extraordinaria como aterradora. Sarah no es solo una científica o una exploradora; es una médium. En un cosmos donde planeta tras planeta aparece despojado de vida, ella es la única capaz de comunicarse con los restos psíquicos de las civilizaciones desaparecidas. Su misión, financiada por una humanidad que observa con temor cómo las estrellas se apagan una a una, consiste en viajar a estos mundos muertos para "leerlos". A través de sus visiones, Sarah puede experimentar los últimos momentos de razas alienígenas enteras, buscando un patrón, una causa o una advertencia que pueda salvar lo que queda de la existencia.
El guion de Loveness destaca por su capacidad para equilibrar la escala masiva de un genocidio universal con la intimidad del trauma personal de la protagonista. Sarah carga con el peso de miles de millones de voces en su cabeza, y la narrativa explora cómo este don la aísla del resto de su tripulación y de su propia humanidad. No se trata de una aventura espacial convencional llena de batallas láser; es una elegía por el cosmos. Cada número funciona como una autopsia planetaria donde se nos presentan culturas fascinantes justo en el momento de su colapso, lo que genera una sensación constante de pérdida y urgencia.
El apartado visual de Juan Doe es, sin duda, uno de los pilares fundamentales de *World Reader*. Doe rompe con la estética industrial y grisácea que suele dominar la ciencia ficción moderna, optando por una paleta de colores vibrante, casi psicodélica. Los mundos muertos no son parajes inertes,