La serie de cómics de World of Warcraft: Legion no se presenta como una novela gráfica de volumen único, sino como una antología de relatos precuela diseñados para expandir el trasfondo narrativo de la sexta expansión del popular videojuego de Blizzard Entertainment. Esta colección de cuatro números funciona como un puente argumental crítico, explorando las motivaciones, los miedos y los conflictos internos de figuras clave antes de que la Legión Ardiente inicie su invasión a gran escala sobre Azeroth.
El primer arco, titulado "Magni: Corrientes telúricas", marca el regreso de uno de los personajes más emblemáticos de la Alianza: Magni Barbabronce. Tras años convertido en una estatua de diamante en el corazón de Forjaz, el antiguo rey despierta en un mundo que ya no reconoce. El cómic se centra en la transformación de Magni, quien deja de ser un monarca preocupado por la política de los enanos para convertirse en el "Portavoz" del alma del mundo. La narrativa explora la tensa relación con su hija, Moira Thaurissan, y la urgencia de una advertencia cósmica que solo él puede transmitir. El dibujo de Ludo Lullabi aporta un dinamismo vibrante, capturando la naturaleza pétrea y renovada de Magni con un estilo detallado y expresivo.
El segundo relato, "Nocheterna: El crepúsculo de Suramar", traslada la acción a la ancestral ciudad de Suramar, un bastión de elfos que ha permanecido oculto bajo una cúpula mágica durante diez mil años. La historia se centra en la Gran Magistrix Elisande y su dilema ante la llegada de Gul'dan. El cómic profundiza en la política interna de los Nocheterna y el peso de la supervivencia. Aquí, el conflicto no es solo físico, sino moral: ¿es preferible la servidumbre bajo el yugo demoníaco o la aniquilación total de un pueblo? Es una pieza de tragedia política que establece las bases para una de las zonas más complejas del juego.
El tercer número, "Monte Alto: Una montaña dividida", se enfoca en las tribus tauren de las Islas Quebradas. La trama sigue a las diferentes facciones de Monte Alto mientras debaten si unirse para proteger sus tierras o sucumbir a las promesas de poder de la Legión. El protagonismo recae en la necesidad de recuperar el Martillo de Khaz'goroth, un artefacto de poder titánico. Este capítulo destaca por mostrar la cultura tribal y la conexión con la tierra, subrayando cómo las antiguas alianzas pueden desmoronarse bajo la presión de una amenaza externa inminente. El arte de David Kegg refuerza esta atmósfera rústica y ancestral.
Finalmente, "Anduin: Hijo del lobo" cierra la antología con un enfoque profundamente introspectivo y emocional. Este número es, quizás, el más relevante para el futuro de la franquicia. Se centra en el joven príncipe Anduin Wrynn y su lucha por reconciliar su naturaleza pacífica con el legado guerrero de su padre, el rey Varian Wrynn. A través de una narrativa que juega con el tiempo, el cómic muestra las dudas de Anduin sobre su capacidad para liderar en tiempos de guerra total. El arte de Nesskain es excepcional en este número, utilizando una paleta de colores y una composición que elevan la carga dramática de la historia, culminando en una visión profética sobre el destino final del personaje.
En su conjunto, los cómics de World of Warcraft: Legion prescinden de la exposición innecesaria para centrarse en el desarrollo de personajes. No se limitan a ser material promocional, sino que son piezas esenciales de *lore* que explican el "porqué" de las alianzas y traiciones que el jugador encontrará posteriormente. La obra destaca por su variedad artística, donde cada ilustrador adapta su estilo al tono de la región o el personaje que retrata, manteniendo una cohesión temática centrada en el sacrificio, el deber y la inminencia del fin del mundo. Es una lectura técnica y narrativa que satisface tanto al conocedor de la historia de Azeroth como al lector de cómics de fantasía épica que busca relatos de escala global con un fuerte anclaje en la psicología de sus protagonistas.