Woody Allen ed Grijalbo

La edición de Grijalbo del cómic "Woody Allen" (originalmente titulada en Estados Unidos *Inside Woody Allen*) representa un hito particular en la traslación de la personalidad cinematográfica al noveno arte. Publicada en España durante la transición y el auge del cómic adulto, esta obra no es una biografía, sino una tira de prensa diaria —*comic strip*— que fue distribuida originalmente por King Features Syndicate entre 1976 y 1984. El responsable artístico de esta adaptación fue Stuart Hample, quien contó con la aprobación y, en las etapas iniciales, con la supervisión del propio cineasta neoyorquino.

Desde un punto de vista técnico y narrativo, el cómic editado por Grijalbo captura la esencia del Woody Allen de finales de los años 70, coincidiendo cronológicamente con obras maestras como *Annie Hall* o *Manhattan*. La estructura de la obra se basa en el formato clásico de la tira diaria de tres o cuatro viñetas y la página dominical a color, aunque la edición de Grijalbo suele presentarse en un sobrio blanco y negro que resalta el trazo limpio y funcional de Hample.

El dibujo de Stuart Hample es minimalista y caricaturesco, diseñado para no distraer al lector del verdadero motor de la obra: el diálogo y el monólogo interior. El personaje de Woody está representado con sus rasgos icónicos —gafas de pasta, cabello desordenado y complexión frágil—, moviéndose en escenarios que se reducen a menudo a lo esencial: el diván del psicoanalista, las calles de Nueva York, un dormitorio o un set de rodaje. Esta economía visual es fundamental para replicar el ritmo de la comedia *stand-up* que Allen dominaba a la perfección.

Temáticamente, el cómic es un compendio exhaustivo de las obsesiones que definen el universo del autor. La narrativa se articula en torno a la neurosis urbana, la hipocondría, el miedo existencial a la muerte, la búsqueda infructuosa de Dios y, por supuesto, las complicaciones crónicas de las relaciones sentimentales. El Woody del cómic es una versión destilada de su *persona* pública: un intelectual judío asediado por sus propias inseguridades y por un entorno que parece diseñado para recordarle su inadecuación física y emocional.

Uno de los aciertos de la edición de Grijalbo es cómo permite observar la evolución del humor de Allen hacia la introspección. A diferencia de otras tiras cómicas de la época que buscaban el *gag* físico o la bofetada visual, *Inside Woody Allen* se apoya en la agudeza verbal. Los diálogos son densos pero ágiles, cargados de referencias culturales que van desde la filosofía existencialista hasta el psicoanálisis freudiano, pasando por la crítica social ácida. El cómic logra que el lector escuche la voz característica de Allen a través de los globos de texto.

La estructura de los álbumes de Grijalbo organiza estas tiras de forma que el lector puede apreciar la recurrencia de ciertos personajes secundarios, como sus padres (representados a menudo como voces fuera de cuadro o figuras autoritarias), sus diversas parejas y, de manera prominente, su psicoanalista. El diván se convierte en un escenario recurrente donde se rompe la cuarta pared y el protagonista se confiesa directamente ante el lector, convirtiendo la lectura en una experiencia de voyerismo psicológico.

En términos de importancia histórica dentro del mercado español, esta edición de Grijalbo permitió que el público accediera a una faceta distinta del autor, despojada del artificio técnico del cine pero conservando toda su potencia intelectual. Es un ejercicio de síntesis donde el cómic demuestra su capacidad para albergar narrativas complejas y abstractas bajo una apariencia de sencillez gráfica. La obra funciona como un puente entre la cultura popular y la alta cultura, utilizando el humor autocrítico como herramienta de análisis humano.

En resumen, el cómic de Woody Allen editado por Grijalbo es una pieza de coleccionista esencial para entender la expansión de la narrativa de autor en las tiras de prensa. Es un estudio de personaje profundo, ejecutado con una precisión quirúrgica por Stuart Hample, que logra trasladar el ritmo cinematográfico y la cadencia del monólogo neoyorquino al papel, manteniendo intacta la vigencia de sus dilemas morales y existenciales.

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